Prefacio

«Cuando Israel salió de Mitsraim, la casa de Yaakov de un pueblo de lengua extraña, Yehudá fue Su santuario e Israel Su dominio». La leyenda judía procura describir cómo el santuario de Dios —la religión de Israel— y Su dominio —los comienzos de Israel como nación— surgieron en el tiempo que va de la salida de Mitsraim a la entrada en la Tierra Santa.

Moshé no solo es considerado el mayor guía religioso de Israel, sino también su primer conductor nacional. Es «el más sabio de los sabios, el padre de los profetas», y también «rey en Yeshurún, cuando se reunieron las cabezas del pueblo y las tribus de Israel». De ahí su lugar único en la leyenda judía: ni Avraham, el amigo de Dios, ni Shlomo, el más sabio de todos los hombres, ni Eliyahu, el auxilio en tiempo de necesidad, pueden reclamar semejante posición.

Grandes instituciones religiosas y nacionales —como el Shabat, el santuario y muchos otros «mandamientos de Dios revelados a Moshé»— guardan una relación especial con su vida y su obra. La santificación del Shabat se volvió para él algo del todo vivo por el milagro del maná, y el primer santuario fue erigido por Moshé en persona. La vida de Moshé dejó, por tanto, de ser cosa del pasado y quedó estrechamente entretejida con la vida cotidiana de la nación.

El modo más natural que tiene la mente popular de enlazar las condiciones presentes con el pasado es el método simbólico. Por eso el presente volumen contiene cierto número de explicaciones simbólicas de determinadas leyes —como, por ejemplo, el significado simbólico del Mishkán— que, hablando con propiedad, no pertenecen al dominio de la leyenda. La vida de Moshé, tal como la concibe la leyenda judía, habría quedado, sin embargo, incompleta si se hubieran trazado con demasiado rigor las fronteras entre leyenda y simbolismo. Con esta excepción, la disposición y la presentación del material en el tercer volumen son las mismas que en los dos anteriores.

LOUIS GINZBERG.

Nueva York, 2 de marzo de 1911