Séfer haJinuj·Precepto 420364 / 615
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Precepto 420

El estudio de la Torá

El precepto del estudio de la Torá. Es un precepto positivo aprender la sabiduría de la Torá y enseñarla —es decir, cómo cumplir las mitzvot y cómo cuidarnos de aquello que Dios nos vedó— y conocer también las leyes de la Torá según la verdad exacta. Sobre todo esto se dijo: «y las inculcarás a tus hijos» (Devarim 6:7). Y dijeron nuestros maestros, de bendita memoria (Sifré ahí): «tus hijos» son tus discípulos; y así encuentras que a los discípulos se les llama hijos, pues está dicho «y salieron los hijos de los profetas» (Melajim II 2:3). Y ahí mismo se dijo «y las inculcarás»: que estén ordenadas en tu boca, de modo que cuando alguien te pregunte algo no le respondas titubeando, sino que se lo digas de inmediato. Este precepto se repite en muchos lugares, pues está dicho «y aprenderéis y cumpliréis» (Devarim 5:1), y «para que aprendan… y las enseñaréis a vuestros hijos» (ahí 11:19).

מִצְוַת תַּלְמוּד תּוֹרָה – מִצְוַת עֲשֵׂה לִלְמֹד חָכְמַת הַתּוֹרָה וּלְלַמְּדָהּ, כְּלוֹמַר כֵּיצַד נַעֲשֶׂה הַמִּצְוֹת, וְנִשָּׁמֵר מִמָּה שֶׁמְּנָעָנוּ הָאֵל מִמֶּנּוּ, וְלָדַעַת גַּם כֵּן מִשְׁפְּטֵי הַתּוֹרָה עַל כִּוּוּן הָאֱמֶת, וְעַל כָּל זֶה נֶאֱמַר (דברים ו ז) וְשִׁנַּנְתָּם לְבָנֶיךָ, וְאָמְרוּ רַבּוֹתֵינוּ זִכְרוֹנָם לִבְרָכָה (ספרי שם) בָּנֶיךָ אֵלּוּ תַּלְמִידֶיךָ, וְכֵן אַתָּה מוֹצֵא שֶׁהַתַּלְמִידִים קְרוּיִים בָּנִים, שֶׁנֶּאֱמַר (מלכים ב ב ג) וַיֵּצְאוּ בְּנֵי הַנְּבִיאִים, וְשָׁם נֶאֱמַר וְשִׁנַּנְתָּם שֶׁיִּהְיוּ מְסֻדָּרִים בְּתוֹךְ פִּיךָ, כְּשֶׁאָדָם שׁוֹאַלְךָ דָּבָר אַל תְּהֵא מְגַמְגֵּם לוֹ, אֶלָּא תְּהֵא אוֹמֵר לוֹ מִיָּד. וְנִכְפְּלָה מִצְוָה זוֹ בִּמְקוֹמוֹת רַבִּים, שֶׁנֶּאֱמַר (דברים ה א) וּלְמַדְתֶּם וַעֲשִׂיתֶם וּלְמַעַן יִלְמְדוּ וְלִמַּדְתֶּם אֹתָם אֶת בְּנֵיכֶם (שם יא יט).

La raíz de este precepto es conocida: por el estudio, el hombre conoce los caminos de HaShem, bendito sea; y sin él no sabe ni entiende, y es considerado como una bestia.

שֹׁרֶשׁ מִצְוָה זוֹ יָדוּעַ, כִּי בַּלִּמּוּד, יֵדַע הָאָדָם דַּרְכֵי הַשֵּׁם יִתְבָּרַךְ, וְזוּלָתוֹ לֹא יֵדַע וְלֹא יָבִין, וְנֶחְשָׁב כִּבְהֵמָה.

Entre las leyes de este precepto está lo que dijeron, de bendita memoria (Suká 42a): ¿desde cuándo empieza el padre a enseñar Torá a su hijo? Desde que el niño empieza a hablar le enseña «Torá nos ordenó Moshé» (Devarim 33:4) y el primer versículo del Shemá, que es «Shemá Israel»; y luego le va enseñando, poco a poco, versículos de la Torá, hasta que tenga seis o siete años y lo lleve donde los maestros de niños. Y conviene a toda persona sensata poner atención en no recargar al niño con el estudio mientras sus miembros aún son tiernos y tierno su corazón —hasta que crezca y se fortalezca la fuerza de su corazón y el vigor de sus miembros, y sus huesos se llenen de médula, y pueda soportar el esfuerzo del estudio, y no le sobrevenga la enfermedad del desmayo a causa de la mucha fatiga. Pero una vez que se fortalezca su fuerza y se le iluminen los ojos para entender la voz de sus maestros, entonces el asunto es conveniente y apropiado, y está obligado a poner su cuello bajo el yugo de la Torá; y no lo aflojen de ella ni siquiera como el grosor de un cabello, y le den siempre a beber del vino de su aroma y a comer de su miel.

מִדִּינֵי הַמִּצְוָה. מָה שֶׁאָמְרוּ זִכְרוֹנָם לִבְרָכָה (סוכה מב, א) מֵאֵימָתַי מַתְחִיל הָאָב לְלַמֵּד אֶת בְּנוֹ תּוֹרָה? מִשֶּׁיַּתְחִיל לְדַבֵּר מְלַמְּדוֹ, תּוֹרָה צִוָּה לָנוּ מֹשֶׁה (דברים לג ד), וּפָסוּק רִאשׁוֹן מִקְּרִיאַת שְׁמַע שֶׁהוּא שְׁמַע יִשְׂרָאֵל, וְאַחַר כָּךְ מְלַמְּדוֹ מְעַט מְעַט מִפְּסוּקֵי הַתּוֹרָה, עַד שֶׁיְּהֵא בֶּן שֵׁשׁ אוֹ בֶּן שֶׁבַע שֶׁמּוֹלִיכוֹ אֵצֶל מְלַמְּדֵי תִּינוֹקוֹת. וְרָאוּי לְכָל בֶּן דַּעַת שֶׁיִּתֵּן לִבּוֹ שֶׁלֹּא לְהַכְבִּיד עַל הַיֶּלֶד בַּלִּמּוּד בְּעוֹדֶנּוּ רַךְ הָאֵבָרִים וְרַךְ הַלֵּבָב, עַד שֶׁיִּגְדַּל וְיִתְחַזֵּק כֹּחַ לִבּוֹ וְתֹקֶף אֵיבָרָיו, וְעַצְמוֹתָיו יִמְלְאוּ מֹחַ, וְיוּכַל לִסְבֹּל יְגִיעַת הַלִּמּוּד, וְלֹא יִקְרֶנּוּ חֹלִי הַהִתְעַלְּפוּת בְּסִבַּת הַיְּגִיעָה הָרַבָּה עָלָיו, וְאוּלָם אַחַר הִתְחַזֵּק כֹּחוֹ וְיֵאוֹרוּ עֵינָיו לְהָבִין לְקוֹל מוֹרָיו, אָז רָאוּי וְכָשֵׁר הַדָּבָר, וּמְחֻיָּב לְהָבִיא צַוָּארוֹ בְּעֻלָּהּ שֶׁל תּוֹרָה, וְלֹא יְרַפּוּהוּ מִמֶּנָּה אֲפִלּוּ כְּחוּט הַשַּׂעֲרָה, וְיַשְׁקוּהוּ תָּמִיד מִיֵּין רִקְחָהּ וְיַאֲכִילוּהוּ מִדִּבְשָׁהּ.

Y también del tema de este precepto es lo que dijeron, de bendita memoria (Kidushín 30a): ¿hasta dónde está obligado el hombre a enseñar Torá a su hijo? Dijo Rav Yehudá en nombre de Shemuel: como Zevulún ben Dan —es decir, un hombre que vivió en sus días, llamado así, a quien el padre de su padre le enseñó Mikrá, Mishná, Talmud, halajot y aggadot. Y plantearon sobre esto, en la Guemará, lo que plantearon, y la respuesta fue que la obligación es enseñarles Mikrá, esto es, la Torá, como hizo el abuelo de Zevulún —aunque al propio Zevulún ben Dan su abuelo le enseñó más. Y quien añade por encima de la obligación del precepto, como el abuelo de Zevulún ben Dan, sobre él venga bendición. Y aquel a quien no le enseñaron sus padres, estando ellos obligados a ello —como su padre y el padre de su padre—, está obligado a enseñarse a sí mismo cuando sea grande y comprenda el asunto, pues está dicho «y aprenderéis… y las cumpliréis». Y si el padre y el hijo necesitan ambos estudiar, y el padre no tiene medios para que los dos puedan estudiar siempre, él tiene prioridad sobre su hijo; pero si su hijo es más perspicaz que él y retiene mejor lo aprendido, el hijo tiene prioridad. ¿Y hasta cuándo está obligado todo hombre a estudiar Torá? (Rambam, Talmud Torá 1:10) Hasta el día de su muerte, pues está dicho «no sea que se aparten de tu corazón todos los días de tu vida» (Devarim 4:9). Y aún más ponderaron los sabios el asunto, a modo de enseñanza moral y para infundir en las personas el deseo, y dijeron (Shabat 83b) que incluso en la hora de la muerte está el hombre obligado a estudiar Torá, pues está dicho «esta es la Torá: cuando un hombre muere en una tienda» (Bemidbar 19:14). Y cada uno de Israel está obligado al estudio de la Torá (Yomá 35b), tanto el pobre como el rico, tanto el sano como el que padece dolencias. Y ya dijeron, de bendita memoria (Eruvín 54a), que con la ocupación en la Torá se curan todos los miembros. E incluso el pobre que va mendigando de puerta en puerta, e incluso quien tiene esposa e hijos, todos están obligados a fijar tiempos para la Torá de día y de noche, pues está dicho «y meditarás en ella día y noche» (Yehoshúa 1:8).

וְכֵן מֵעִנְיַן הַמִּצְוָה מָה שֶׁאָמְרוּ זִכְרוֹנָם לִבְרָכָה (קדושין ל, א) עַד הֵיכָן חַיָּב אָדָם לְלַמֵּד אֶת בְּנוֹ תּוֹרָה, אָמַר רַב יְהוּדָה אָמַר שְׁמוּאֵל כְּגוֹן זְבוּלוּן בֶּן דָּן, פֵּרוּשׁ אָדָם שֶׁהָיָה בְּדוֹרָם, שֶׁשְּׁמוֹ כֵּן שֶׁלִּמְּדוֹ אֲבִי אָבִיו מִקְרָא, וּמִשְׁנָה, תַּלְמוּד, הֲלָכוֹת, וְאַגָּדוֹת. וְהִקְשׁוּ עַל זֶה בַּגְּמָרָא מַה שֶׁהִקְשׁוּ, וְהָיָה הַתֵּרוּץ שֶׁהַחִיּוּב לְלַמְּדָם מִקְרָא, דְּהַיְנוּ, תּוֹרָה, כְּמוֹ שֶׁעָשָׂה אֲבִי אָבִיו שֶׁל זְבוּלוּן, וְאַף עַל פִּי שֶׁזְּבוּלוּן בֶּן דָּן לִמְּדוֹ אֲבִי אָבִיו יוֹתֵר, וּמִי שֶׁהוֹסִיף עַל חִיּוּב הַמִּצְוָה כַּאֲבִי אָבִיו שֶׁל זְבוּלוּן בֶּן דָּן תָּבוֹא עָלָיו בְּרָכָה, וּמִי שֶׁלֹּא לִמְּדוּ אוֹתוֹ אֲבוֹתָיו שֶׁהֵם חַיָּבִין בָּזֶה כְּגוֹן אָבִיו וַאֲבִי אָבִיו, חַיָּב לְלַמֵּד עַצְמוֹ כְּשֶׁיִּהְיֶה גָּדוֹל וְיַכִּיר בַּדָּבָר, שֶׁנֶּאֱמַר וּלְמַדְתֶּם וַעֲשִׂיתֶם אֹתָם, וְאִם הָיוּ הָאָב וְהַבֵּן צְרִיכִין לִלְמֹד, וְאֵין בְּיָדוֹ שֶׁל אָב שֶׁיּוּכְלוּ שְׁנֵיהֶם לִלְמֹד תָּמִיד הוּא קוֹדֵם לִבְנוֹ, וְאִם בְּנוֹ נָבוֹן מִמֶּנּוּ וְתַלְמוּדוֹ מִתְקַיֵּם בְּיָדוֹ יוֹתֵר מִמֶּנּוּ בְּנוֹ קוֹדְמוֹ. וְעַד אֵימָתַי חַיָּב כָּל אָדָם לִלְמֹד תּוֹרָה? (רמב"ם תלמוד תורה א י) עַד יוֹם מוֹתוֹ, שֶׁנֶּאֱמַר (דברים ד ט) וּפֶן יָסוּרוּ מִלְּבָבְךָ כֹּל יְמֵי חַיֶּיךָ. וְעוֹד הִפְלִיגוּ חֲכָמִים בַּדָּבָר עַל דֶּרֶךְ הַמּוּסָר וּלְלַמֵּד בְּנֵי אָדָם חֵפֶץ וְאָמְרוּ (שבת פג ב), שֶׁאֲפִלּוּ בִּשְׁעַת מִיתָה חַיָּב אָדָם לִלְמֹד תּוֹרָה, שֶׁנֶּאֱמַר (במדבר יט יד) זֹאת הַתּוֹרָה אָדָם כִּי יָמוּת בְּאֹהֶל. וְכָל אֶחָד מִיִּשְׂרָאֵל חַיָּב בְּתַלְמוּד תּוֹרָה (יומא לה, ב) בֵּין עָנִי, בֵּין עָשִׁיר, בֵּין בָּרִיא, בֵּין בַּעַל יִסּוּרִין. וּכְבָר אָמְרוּ זִכְרוֹנָם לִבְרָכָה (עירובין נד א), שֶׁבְּעֵסֶק הַתּוֹרָה יִתְרַפְּאוּ כָּל הָאֵבָרִים. וַאֲפִלּוּ עָנִי הַמְּחַזֵּר עַל הַפְּתָחִים, וַאֲפִלּוּ בַּעַל אִשָּׁה וּבָנִים הַכֹּל חַיָּבִים לִקְבֹּעַ עִתִּים לַתּוֹרָה בַּיּוֹם וּבַלַּיְלָה, שֶׁנֶּאֱמַר (יהושע א ח) וְהָגִיתָ בּוֹ יוֹמָם וָלַיְלָה.

Y el comienzo del juicio del hombre tras la muerte es por haberse apartado del estudio, como expusieron, de bendita memoria (Kidushín 40b), de lo que está escrito «quien suelta las aguas es el principio de la contienda» (Mishlé 17:14) —es decir, quien se exime a sí mismo de las aguas, ese es el principio de la querella para su alma después de morir; y «aguas» no es sino la Torá, pues está dicho «¡oh, todo sediento, venid a las aguas!» (Yeshayahu 55:1). Y se compararon las palabras de la Torá con las aguas porque la Torá no se mantiene sino en el hombre humilde y de espíritu abatido, y no en el de corazón altanero —así como las aguas tampoco se asientan en los montes, sino en los valles (Taanit 7a). Y también lo que dijeron, de bendita memoria (Kidushín 30a), que el hombre está obligado a dividir su tiempo en tres partes: un tercio en la ocupación de la Torá escrita, un tercio en la ocupación de la Torá oral —es decir, habituarse a dominar el repaso de las mishnayot y las baraitot, de modo que le sean fluidas en la boca— y un tercio en comprender los temas desde su raíz; y que no ponga todo su corazón en una sola de ellas, no sea que olvide las demás. Y las tres son lo esencial de la Torá, pues es imposible conocerla sin ellas.

וּתְחִלַּת דִּינוֹ שֶׁל אָדָם אַחַר הַמָּוֶת הוּא, עַל שֶׁנִּתְבַּטֵּל מִן הַלִּמּוּד, וּכְמוֹ שֶׁדָּרְשׁוּ זִכְרוֹנָם לִבְרָכָה (קדושין מ, ב), מִדִּכְתִיב (משלי יז יד) פּוֹטֵר מַיִם רֵאשִׁית מָדוֹן, כְּלוֹמַר מִי שֶׁפּוֹטֵר עַצְמוֹ מִן הַמַּיִם רֵאשִׁית קְטָטָה הוּא לְנַפְשׁוֹ אַחַר שֶׁיָּמוּת, וְאֵין מַיִם אֶלָּא תּוֹרָה, שֶׁנֶּאֱמַר (ישעיהו נה א) הוֹי כָּל צָמֵא לְכוּ לַמַּיִם, וְנִמְשְׁלוּ דִּבְרֵי תוֹרָה לְמַיִם, לְפִי שֶׁאֵין הַתּוֹרָה מִתְקַיֶּמֶת, אֶלָּא בְּאִישׁ דַּכָּא וּשְׁפַל רוּחַ, וְלֹא בִּגְבַהּ לֵב, כְּמוֹ שֶׁהַמַּיִם גַּם כֵּן אֵין עוֹמְדִין בְּהָרִים, אֶלָּא בַּעֲמָקִים (תענית ז א). וְכֵן מָה שֶׁאָמְרוּ זִכְרוֹנָם לִבְרָכָה (קדושין ל, א), שֶׁחַיָּב אָדָם לְחַלֵּק זְמַנּוֹ לִשְׁלֹשָׁה חֲלָקִים, שְׁלִישׁ בְּעֵסֶק תּוֹרָה שֶׁבִּכְתָב, וּשְׁלִישׁ בְּעֵסֶק תּוֹרָה שֶׁבְּעַל פֶּה, כְּלוֹמַר, לְהַרְגִּיל עַצְמוֹ לִהְיוֹת בָּקִי בְּגִרְסַת הַמִּשְׁנָיוֹת וְהַבָּרָיְתוֹת, שֶׁתִּהְיֶינָה שְׁגוּרוֹת בְּפִיו, וּשְׁלִישׁ לְהָבִין הָעִנְיָנִים מִשֹּׁרֶשׁ, וְלֹא יָשִׁית כָּל לִבּוֹ בְּאַחַת מֵהֶן פֶּן יִשְׁכַּח הַשְּׁאָר, וּשְׁלָשְׁתָּן הֵן עִקַּר הַתּוֹרָה, שֶׁאִי אֶפְשָׁר לָדַעַת אוֹתָהּ זוּלָתָם.

Y también lo que dijeron (Bavá Batrá 21b): que la comunidad de cada lugar está obligada a establecer maestros de niños, y que la ciudad en la que no hay niños en la casa de estudio sea destruida; y se asignan veinticinco niños a un solo maestro. Y lo que dijeron (Avot 2:4): que no diga el hombre «cuando tenga tiempo libre estudiaré», pues quizá nunca lo tenga, ya que el hombre no sabe qué dará a luz el día. Porque el quehacer del mundo se renueva día a día, y arrastra al hombre de cosa en cosa y de afán en afán, y resulta que todos sus días se le van en la agitación si no se da, de todos modos, un respiro y se fuerza a la ocupación de la Torá. Y todo el que así obra y desea la bendición, del Cielo lo ayudan y le aligeran los afanes turbadores del mundo, y le quitan de encima el yugo de las criaturas, y mora con alegría todos sus días en este mundo, y le va bien en el mundo venidero. Dichoso quien habla a un oído que escucha. Y los demás detalles están explicados en Kidushín, capítulo primero, y en lugares dispersos del Talmud [Yoré Deá, capítulo 246].

וְכֵן מָה שֶׁאָמְרוּ (ב"ב כא ב), שֶׁחַיָּב הַצִּבּוּר שֶׁבְּכָל מָקוֹם וּמָקוֹם לְהוֹשִׁיב מְלַמְּדֵי תִּינוֹקוֹת, וְעִיר שֶׁאֵין בָּהּ תִּינוֹקוֹת שֶׁל בֵּית רַבָּן תֵּחָרֵב, וְעֶשְׂרִים וַחֲמִשָּׁה תִּינוֹקוֹת מוֹשִׁיבִין אֵצֶל מְלַמֵּד אֶחָד. וּמָה שֶׁאָמְרוּ (אבות פ"ב מ"ד), שֶׁלֹּא יֹאמַר אָדָם לִכְשֶׁאֶפָּנֶה אֶשְׁנֶה שֶׁמָּא לֹא יִפָּנֶה לְעוֹלָם, כִּי לֹא יֵדַע הָאָדָם מַה יֵּלֶד יוֹם. שֶׁעִסְקוֹ שֶׁל עוֹלָם מִתְחַדֵּשׁ יוֹם יוֹם, וּמַדִּיחַ אֶת הָאָדָם מִדָּבָר לְדָבָר וּמִטִּרְדָּה לְטִרְדָּה, וְנִמְצְאוּ כָּל יָמָיו יוֹצְאִין בְּבֶהָלָה, אִם לֹא יִתֵּן פְּנַאי עַל כָּל פָּנִים וְיִדְחַק עַצְמוֹ לְעִסְקָהּ שֶׁל תּוֹרָה, וְכָל שֶׁעוֹשֶׂה כֵּן וְחָפֵץ בִּבְרָכָה, מִן הַשָּׁמַיִם מְסַיְּעִין אוֹתוֹ וּמְקִלִּין מֵעָלָיו טִרְדוֹת הָעוֹלָם הַמַּבְהִילוֹת, וּמַעֲבִירִין מִמֶּנּוּ עֻלָּן שֶׁל בְּרִיּוֹת, וְשׁוֹכֵן בְּשִׂמְחָה כָּל יָמָיו בָּעוֹלָם הַזֶּה, וְטוֹב לוֹ לָעוֹלָם הַבָּא, וְאַשְׁרֵי הַמְדַבֵּר לְאֹזֶן שׁוֹמַעַת. וְיֶתֶר פְּרָטֶיהָ, מְבֹאָרִים בְּקִדּוּשִׁין פֶּרֶק רִאשׁוֹן וּבִמְקוֹמוֹת מְפֻזָּרִים בַּתַּלְמוּד [יו"ד סימן רמו].

Y este precepto rige en todo lugar y en todo tiempo, para los varones pero no para las mujeres, pues está dicho «vuestros hijos» (Devarim 11:19), y expusieron, de bendita memoria (Kidushín 29b): «y no vuestras hijas». Y asimismo la mujer no está obligada a enseñar a su hijo, pues todo aquel que no está obligado a estudiar tampoco está obligado a enseñar. Pero, con todo, conviene a toda mujer esforzarse para que sus hijos no sean ignorantes, aunque no esté ordenada por ley de la Torá, y buena recompensa tiene por su empeño (según Sotá 21a). Y también la mujer que estudió Torá tiene recompensa; aun así, ordenaron los sabios (Sotá 20a) que el hombre no enseñe Torá a su hija, porque el entendimiento de las mujeres es ligero, y vuelven las palabras de la Torá en palabras vanas según la pobreza de su entendimiento. Y quien transgrede esto y no enseña Torá a su hijo hasta que sepa leer en un rollo de Torá y entienda el sentido llano de los versículos, ha anulado este precepto positivo; y asimismo todo aquel que tiene en su mano la posibilidad de estudiar de cualquier modo está incluido en este precepto positivo, y su castigo es muy grande si no lo cumple, porque esta mitzvá es madre de todas.

וְנוֹהֶגֶת מִצְוָה זוֹ בְּכָל מָקוֹם וּבְכָל זְמַן בִּזְכָרִים אֲבָל לֹא בִּנְקֵבוֹת, שֶׁנֶּאֱמַר (דברים יא יט) בְּנֵיכֶם. וְדָרְשׁוּ זִכְרוֹנָם לִבְרָכָה (קדושין כט, ב) וְלֹא בְּנוֹתֵיכֶם. וְכֵן אִשָּׁה אֵינָהּ חַיֶּבֶת לְלַמֵּד אֶת בְּנָהּ, דְּכָל שֶׁאֵינוֹ בְּחִיּוּב לִלְמֹד אֵינוֹ בְּחִיּוּב לְלַמֵּד. אֲבָל מִכָּל מָקוֹם רָאוּי לְכָל אִשָּׁה לְהִשְׁתַּדֵּל שֶׁלֹּא יְהוּ בָּנֶיהָ עַמֵּי הָאָרֶץ, אַף עַל פִּי שֶׁאֵינָהּ מְצֻוָּה מִדִּין הַתּוֹרָה, וְשָׂכָר טוֹב יֵשׁ לָהּ בַּעֲמָלָהּ (עפ"י סוטה כא א). וְגַם הָאִשָּׁה שֶׁלָּמְדָה תּוֹרָה שָׂכָר יֵשׁ לָהּ, וְאַף עַל פִּי כֵן צִוּוּ חֲכָמִים (סוטה כ א) שֶׁלֹּא יְלַמֵּד אָדָם לְבִתּוֹ תּוֹרָה, לְפִי שֶׁדַּעַת הַנָּשִׁים קַלָּה, וּמוֹצִיאִין דִּבְרֵי תּוֹרָה לְדִבְרֵי הֲבַאי בַּעֲנִיּוּת דַּעְתָּן. וְהָעוֹבֵר עַל זֶה וְלֹא לִמֵּד אֶת בְּנוֹ תּוֹרָה עַד שֶׁיֵּדַע לִקְרוֹת בְּסֵפֶר תּוֹרָה וְיָבִין פֵּרוּשׁ הַכְּתוּבִים כִּפְשָׁטָן בִּטֵּל עֲשֵׂה זֶה, וְכֵן כָּל מִי שֶׁיֵּשׁ סִפֵּק בְּיָדוֹ לִלְמֹד בְּשׁוּם צַד הוּא בִּכְלַל עֲשֵׂה זֶה, וְעָנְשׁוֹ גָּדוֹל מְאֹד אִם לֹא יְקַיְּמֶנּוּ, כִּי הַמִּצְוָה הַזֹּאת הִיא אֵם לְכֻלָּן.