Pirké de Rabí Eliezer·Capítulo 5152 / 54
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Capítulo 51

Los prodigios

Siete prodigios se hicieron en el mundo, sin que se hubiera visto nada igual. El primer prodigio: desde el día en que fueron creados los cielos y la tierra, ningún hombre se salvó del fuego, hasta que vino Avraham avinu y se salvó del horno de fuego. Lo oyeron todos los reyes de la tierra y quedaron atónitos, pues no habían visto nada semejante desde que el mundo fue creado. ¿Y de dónde sabemos que se salvó del horno de fuego? Porque está dicho: «Yo soy Adonái, que te saqué de Ur Kasdim» (Bereshit 15:7); y otro versículo dice: «Tú eres Adonái, el Elohim que escogiste a Avram y lo sacaste de Ur Kasdim» (Nejemyá 9:7).

שִׁבְעָה מוֹפְתִים נַעֲשׂוּ בָעוֹלָם שֶׁלֹּא נִרְאוּ כְמוֹתָן. הַמּוֹפֵת הָרִאשׁוֹן, מִיּוֹם שֶׁנִּבְרְאוּ שָׁמַיִם וָאָרֶץ לֹא הָיָה אָדָם נִצַּל מִן הָאֵשׁ עַד שֶׁבָּא אַבְרָהָם אָבִינוּ וְנִצַּל מִכִּבְשַׁן הָאֵשׁ, וְשָׁמְעוּ כָּל מַלְכֵי הָאָרֶץ וְתָמְהוּ שֶׁלֹּא רָאוּ כָּמוֹהוּ עַד שֶׁנִּבְרָא הָעוֹלָם. וּמִנַּיִן שֶׁנִּצַּל מִכִּבְשַׁן הָאֵשׁ? שֶׁנֶּאֱמַר: ״אֲנִי ה' אֲשֶׁר הוֹצֵאתִיךָ מֵאוּר כַּשְׂדִּים״, וְכָתוּב אַחֵר אוֹמֵר: ״אַתָּה הוּא ה' הָאֱלֹהִים אֲשֶׁר בָּחַרְתָּ בְּאַבְרָם וְהוֹצֵאתוֹ מֵאוּר כַּשְׂדִּים״.

El segundo prodigio: desde el día en que fueron creados los cielos y la tierra, ninguna mujer dio a luz a los noventa años, hasta que vino Sará y dio a luz a los noventa años —salvo Javá—. Lo oyeron todos los reyes de la tierra y no lo creyeron. ¿Qué hizo Hakadosh Baruj Hu? Secó los pechos de sus mujeres, como está dicho (Yejezkel 17:24): «Y sabrán todos los árboles del campo que yo, Adonái, abatí el árbol alto, elevé el árbol bajo, sequé el árbol lozano e hice florecer el árbol seco».

הַמּוֹפֵת הַשֵּׁנִי, מִיּוֹם שֶׁנִּבְרְאוּ שָׁמַיִם וָאָרֶץ לֹא יָלְדָה אִשָּׁה לְתִשְׁעִים שָׁנָה עַד שֶׁבָּאת שָׂרָה וְיָלְדָה לְתִשְׁעִים שָׁנָה, לְבַד חַוָּה, וְשָׁמְעוּ כָּל מַלְכֵי הָאָרֶץ וְלֹא הֶאֱמִינוּ. מֶה עָשָׂה הַקָּדוֹשׁ בָּרוּךְ הוּא? הוֹבִישׁ אֶת שְׁדֵי נְשֵׁיהֶן, שֶׁנֶּאֱמַר (יחזקאל יז, כד) ״וְיָדְעוּ כָּל עֲצֵי הַשָּׂדֶה כִּי אֲנִי ה' הִשְׁפַּלְתִּי עֵץ גָּבֹהַּ הִגְבַּהְתִּי עֵץ שָׁפָל הוֹבַשְׁתִּי עֵץ לָח וְהִפְרַחְתִּי עֵץ יָבֵשׁ״.

«Y sabrán todos los árboles del campo»: son las naciones del mundo. «Yo, Adonái, abatí el árbol alto»: es Nimrod. «Elevé el árbol bajo»: es Avraham avinu. «Sequé el árbol lozano»: son los pechos de las mujeres de las naciones del mundo. «E hice florecer el árbol seco»: son los pechos de Sará. Y traían a sus hijos junto a Sará, y ella los amamantaba en paz, como está dicho: «Sará amamantó hijos» (Bereshit 21:7).

״וְיָדְעוּ כָּל עֲצֵי הַשָּׂדֶה״, אֵלּוּ אֻמּוֹת הָעוֹלָם. ״אֲנִי ה' הִשְׁפַּלְתִּי עֵץ גָּבֹהַּ״, זֶה נִמְרוֹד. ״הִגְבַּהְתִּי עֵץ שָׁפָל״, זֶה אַבְרָהָם אָבִינוּ. ״הוֹבַשְׁתִּי עֵץ לָח״, אֵלּוּ שְׁדֵי נְשֵׁי אֻמּוֹת הָעוֹלָם. ״וְהִפְרַחְתִּי עֵץ יָבֵשׁ״, אֵלּוּ שְׁדֵי שָׂרָה. וְהָיוּ מְבִיאִין אֶת בְּנֵיהֶם אֵצֶל שָׂרָה וּמֵנִיקָה אוֹתָם בְּשָׁלוֹם, שֶׁנֶּאֱמַר: ״הֵינִיקָה בָנִים שָׂרָה״.

El tercer prodigio: desde el día en que fueron creados los cielos y la tierra, ningún hombre encaneció, hasta que vino Avraham avinu; y se asombró todo el mundo, pues no habían visto nada igual desde que el mundo fue creado. ¿Y de dónde sabemos que le brotaron las canas? Porque está dicho: «Y Avraham era anciano, entrado en días» (Bereshit 24:1).

הַמּוֹפֵת הַשְּׁלִישִׁי, מִיּוֹם שֶׁנִּבְרְאוּ שָׁמַיִם וָאָרֶץ לֹא הָיָה אָדָם שֶׁנִּזְרְקָה בּוֹ שֵׂיבָה, עַד שֶׁבָּא אַבְרָהָם אָבִינוּ, וְתָמְהוּ כָּל הָעוֹלָם שֶׁלֹּא רָאוּ כְּמוֹתוֹ מִיּוֹם שֶׁנִּבְרָא הָעוֹלָם. וּמִנַּיִן שֶׁנִּזְרְקָה שֵׂיבָה, שֶׁנֶּאֱמַר ״וְאַבְרָהָם זָקֵן בָּא בַּיָּמִים״.

Rabí Levitas, hombre de Yavne, dice: como la corona es honor para la cabeza del rey, así las canas son honor y esplendor para los ancianos, como está dicho: «Y el esplendor de los ancianos son las canas» (Mishlé 20:29).

רַבִּי לְוִיטָס אִישׁ יַבְנֶה אוֹמֵר: כְּכָלִיל שֶׁהוּא כָּבוֹד רֹאשׁ הַמֶּלֶךְ, כָּךְ הַשֵּׂיבָה כָּבוֹד וְהָדָר לַזְּקֵנִים, שֶׁנֶּאֱמַר: ״וַהֲדַר זְקֵנִים שֵׂיבָה״.

El cuarto prodigio: desde que el mundo fue creado, ningún hombre enfermaba; en cualquier lugar donde estuviera —fuera en el camino, fuera en la plaza—, estornudaba, y su alma le salía por las narices y moría. Hasta que vino Yaakov avinu y pidió misericordia sobre esto, y dijo ante Hakadosh Baruj Hu: «Amo del mundo, no me quites el alma hasta que instruya a mis hijos y a los de mi casa». Y fue escuchado, como está dicho: «Y sucedió, después de estas cosas, que se dijo a Yosef: He aquí, tu padre está enfermo» (Bereshit 48:1). Lo oyeron todos los reyes de la tierra y se asombraron, pues nada igual había habido desde que los cielos y la tierra fueron creados. Por eso el hombre está obligado a decirle a su prójimo cuando estornuda: «¡Vida!», porque la muerte del mundo se convirtió en luz, como está dicho (Iyov 41:10): «Sus estornudos hacen brillar la luz».

הַמּוֹפֵת הָרְבִיעִי, מִיּוֹם שֶׁנִּבְרָא הָעוֹלָם לֹא הָיָה אָדָם חוֹלֶה, אֶלָּא בְּכָל מָקוֹם שֶׁהָיָה אָדָם, אִם בַּדֶּרֶךְ אִם בַּשּׁוּק, וְעָטַשׁ — הָיְתָה נַפְשׁוֹ יוֹצֵאת מִנְּחִירָיו וּמֵת, עַד שֶׁבָּא יַעֲקֹב אָבִינוּ וּבִקֵּשׁ רַחֲמִים עַל זֹאת וְאָמַר לִפְנֵי הַקָּדוֹשׁ בָּרוּךְ הוּא: ״רִבּוֹנוֹ שֶׁל עוֹלָם, אַל תִּקַּח אֶת נַפְשִׁי מִמֶּנִּי עַד אֲשֶׁר אֲנִי מְצַוֶּה אֶת בָּנַי וּבְנֵי בֵיתִי״. וְנֶעְתַּר לוֹ, שֶׁנֶּאֱמַר: ״וַיְהִי אַחֲרֵי הַדְּבָרִים הָאֵלֶּה וַיֹּאמֶר לְיוֹסֵף הִנֵּה אָבִיךָ חוֹלֶה״. וְשָׁמְעוּ כָּל מַלְכֵי הָאָרֶץ וְתָמְהוּ, שֶׁלֹּא הָיָה כָּמוֹהוּ מִיּוֹם שֶׁנִּבְרְאוּ שָׁמַיִם וָאָרֶץ. לְפִיכָךְ חַיָּב אָדָם לוֹמַר לַחֲבֵרוֹ בִּשְׁעַת עֲטִישׁוֹתָיו: ״חַיִּים!״ שֶׁנֶּהְפַּךְ מָוֶת הָעוֹלָם לְאוֹר, שֶׁנֶּאֱמַר (איוב מא, י): ״עֲטִישׁוֹתָיו תָּהֶל אוֹר״.

El quinto prodigio: desde el día en que fueron creados los cielos y la tierra, las aguas del mar no se convirtieron en tierra seca, hasta que salió Israel de Mitsraim y pasó por medio del mar en seco, como está dicho: «Y los hijos de Israel caminaron en seco por medio del mar» (Shemot 14:29). Y temblaron todos los reyes de la tierra, pues nada igual había habido desde que el mundo fue creado, como está dicho: «Oyeron los pueblos y temblaron» (Shemot 15:14).

הַמּוֹפֵת הַחֲמִישִׁי, מִיּוֹם שֶׁנִּבְרְאוּ שָׁמַיִם וָאָרֶץ לֹא נֶהֶפְכוּ מֵי הַיָּם לְיַבָּשָׁה עַד שֶׁיָּצְאוּ יִשְׂרָאֵל מִמִּצְרַיִם וְעָבְרוּ בְתוֹךְ הַיָּם בַּיַּבָּשָׁה, שֶׁנֶּאֱמַר: ״וּבְנֵי יִשְׂרָאֵל הָלְכוּ בַיַּבָּשָׁה בְּתוֹךְ הַיָּם״. וְרָגְזוּ כָּל מַלְכֵי הָאָרֶץ שֶׁלֹּא הָיָה כָּמוֹהוּ מִיּוֹם שֶׁנִּבְרָא הָעוֹלָם, שֶׁנֶּאֱמַר: ״שָׁמְעוּ עַמִּים יִרְגָּזוּן״.

El sexto prodigio: desde el día en que fueron creados los cielos y la tierra, el sol, la luna, las estrellas y todas las constelaciones subían a iluminar sobre la tierra sin disputar entre sí, hasta que vino Yehoshúa e hizo la guerra de Israel. Llegó la víspera de Shabat, y vio la aflicción de Israel —para que no profanaran el Shabat—; y además, porque los hechiceros de los gentiles dominaban en las constelaciones para venir contra Israel. ¿Qué hizo Yehoshúa? Extendió su mano hacia la luz del sol y hacia la luz de la luna, invocó sobre ellos el Nombre, y cada uno se detuvo en su lugar treinta y seis horas, hasta la salida del Shabat, como está dicho: «Y el sol se detuvo y la luna se paró, hasta que el pueblo se vengó de sus enemigos; y el sol se detuvo en medio del cielo y no se apresuró a ponerse casi un día entero» (Yehoshúa 10:13). Y lo vieron todos los reyes de la tierra y se asombraron, pues nada igual había habido desde que el mundo fue creado, como está dicho: «Y no hubo día como aquel, ni antes ni después, ni volverá a haberlo, en que Adonái obedeciera la voz de un hombre, porque Adonái combatía por Israel» (Yehoshúa 10:14).

הַמּוֹפֵת הַשִּׁשִּׁי, מִיּוֹם שֶׁנִּבְרְאוּ שָׁמַיִם וָאָרֶץ הַשֶּׁמֶשׁ וְהַיָּרֵחַ וְהַכּוֹכָבִים וְכָל הַמַּזָּלוֹת הָיוּ עוֹלִין לְהָאִיר עַל הָאָרֶץ וְאֵינָן מְעַרְעֲרִין זֶה עִם זֶה, עַד שֶׁבָּא יְהוֹשֻׁעַ וְעָשָׂה מִלְחַמְתָּן שֶׁל יִשְׂרָאֵל, וְהִגִּיעַ עֶרֶב שַׁבָּת וְרָאָה בְּצָרָתָן שֶׁל יִשְׂרָאֵל שֶׁלֹּא יְחַלְּלוּ אֶת הַשַּׁבָּת, וְעוֹד שֶׁרָאוּ חַרְטוּמֵי גּוֹיִם כּוֹבְשִׁים בַּמַּזָּלוֹת לָבֹא עַל יִשְׂרָאֵל. מֶה עָשָׂה יְהוֹשֻׁעַ? פָּשַׁט יָדוֹ לְאוֹר הַשֶּׁמֶשׁ וּלְאוֹר הַיָּרֵחַ וְהִזְכִּיר עֲלֵיהֶם אֶת הַשֵּׁם וְעָמַד כָּל אֶחָד בִּמְקוֹמוֹ שִׁשָּׁה וּשְׁלֹשִׁים שָׁעוֹת עַד מוֹצָאֵי שַׁבָּת, שֶׁנֶּאֱמַר ״וַיִּדֹּם הַשֶּׁמֶשׁ וְיָרֵחַ עָמָד עַד יִקֹּם גּוֹי אוֹיְבָיו וַיַּעֲמֹד הַשֶּׁמֶשׁ בַּחֲצִי הַשָּׁמַיִם וְלֹא אָץ לָבוֹא כְּיוֹם תָּמִים״. וְרָאוּ כָּל מַלְכֵי הָאָרֶץ וְתָמְהוּ שֶׁלֹּא הָיָה כָּמֹהוּ מִיּוֹם שֶׁנִּבְרָא הָעוֹלָם, שֶׁנֶּאֱמַר: ״וְלֹא הָיָה כַּיּוֹם הַהוּא לְפָנָיו וְאַחֲרָיו לֹא יִהְיֶה כֵּן לִשְׁמֹעַ ה' בְּקוֹל אִישׁ כִּי ה' נִלְחָם לְיִשְׂרָאֵל״.

El séptimo prodigio: desde el día en que fueron creados los cielos y la tierra, ningún hombre enfermó y vivió y se levantó de su enfermedad, hasta que vino Jizkiyahu, rey de Yehudá, que enfermó y sanó de su mal. Empezó a orar ante Hakadosh Baruj Hu y dijo: «Te ruego, Adonái, acuérdate de que anduve delante de Ti en verdad y con corazón íntegro, e hice lo bueno a tus ojos» (Yeshayahu 38:3). Y fue escuchado, como está dicho: «He aquí que añado a tus días quince años» (Yeshayahu 38:5). Dijo ante Hakadosh Baruj Hu: «Señor de todos los mundos, dame una señal de que subiré a la Casa de Adonái». Le dijo: «Ajaz, tu padre, dominaba en las constelaciones y se postraba ante el sol, y el sol huía de delante de él y descendió en su escalinata diez grados. Si quieres, que descienda diez grados, o que suba diez grados». Le respondió: «Señor de todos los mundos, no; que los mismos grados que descendió los vuelva a recorrer y se detenga en su lugar», como está dicho: «No, sino que retroceda la sombra hacia atrás en los grados que descendió». Y Hakadosh Baruj Hu lo escuchó, como está dicho: «He aquí que hago volver la sombra de los grados que descendió» (Yeshayahu 38:8). Y lo vieron todos los reyes de la tierra y se asombraron, pues nada igual había habido desde que el mundo fue creado, y enviaron a ver el prodigio, como está dicho: «Y así, con los emisarios de los ministros del rey de Bavel, enviados a él para inquirir sobre el prodigio que había ocurrido en la tierra» (Divrei haYamim II 32:31).

הַמּוֹפֵת הַשְּׁבִיעִי, מִיּוֹם שֶׁנִּבְרְאוּ שָׁמַיִם וָאָרֶץ לֹא הָיָה אָדָם חוֹלֶה וְיִחְיֶה וְיַעֲמֹד מֵחָלְיוֹ, עַד שֶׁבָּא חִזְקִיָּהוּ מֶלֶךְ יְהוּדָה בַּחֲלוֹתוֹ וַיְחִי מֵחָלְיוֹ. הִתְחִיל מִתְפַּלֵּל לִפְנֵי הַקָּדוֹשׁ בָּרוּךְ הוּא וְאָמַר: ״אָנָּא ה' זְכָר נָא אֵת אֲשֶׁר הִתְהַלַּכְתִּי לְפָנֶיךָ בֶּאֱמֶת וּבְצִדְקָה וּבְלֵבָב שָׁלֵם וְהַטּוֹב בְּעֵינֶיךָ עָשִׂיתִי״. וְנֶעְתַּר לוֹ, שֶׁנֶּאֱמַר: ״הִנְנִי מוֹסִיף עַל יָמֶיךָ חֲמֵשׁ עֶשְׂרֵה שָׁנָה״. אָמַר לִפְנֵי הַקָּדוֹשׁ בָּרוּךְ הוּא: ״רִבּוֹן כָּל הָעוֹלָמִים, תֵּן לִי אוֹת כִּי אֶעֱלֶה בֵּית ה'״. אָמַר לוֹ: ״אָחָז אָבִיךָ כּוֹבֵשׁ בַּמַּזָּלוֹת הָיָה וְהָיָה מִשְׁתַּחֲוֶה לַשֶּׁמֶשׁ וְהַשֶּׁמֶשׁ הָיָה בּוֹרֵחַ מִלְּפָנָיו וְיָרַד בְּמַעֲלָיו עֶשֶׂר מַעֲלוֹת, אִם רוֹצֶה אַתָּה יֵרֵד עֶשֶׂר מַעֲלוֹת אוֹ יַעֲלֶה עֶשֶׂר מַעֲלוֹת״. אָמַר לְפָנָיו: ״רִבּוֹן כָּל הָעוֹלָמִים לֹא אוֹתָן הַמַּעֲלוֹת שֶׁיָּרַד יַחֲזֹר וְיַעֲמֹד בִּמְקוֹמוֹ״, שֶׁנֶּאֱמַר: ״כִּי לֹא יָשׁוּב הַצֵּל אֲחוֹרַנִּית בַּמַּעֲלוֹת אֲשֶׁר יָרְדָה״. וְנֶעְתַּר לוֹ הַקָּדוֹשׁ בָּרוּךְ הוּא, שֶׁנֶּאֱמַר: ״הִנְנִי מֵשִׁיב אֶת צֵל הַמַּעֲלוֹת אֲשֶׁר יָרְדָה״. וְרָאוּ כָּל מַלְכֵי אֶרֶץ וְתָמְהוּ שֶׁלֹּא הָיָה כָּמוֹהוּ מִיּוֹם שֶׁנִּבְרָא הָעוֹלָם, וְשָׁלְחוּ לִרְאוֹת אֶת הַמּוֹפֵת, שֶׁנֶּאֱמַר: ״וְכֵן בִּמְלִיצֵי שָׂרֵי מֶלֶךְ בָּבֶל הַמְּשֻׁלָּחִים עָלָיו לִדְרֹשׁ אֶת הַמּוֹפֵת אֲשֶׁר הָיָה בָאָרֶץ״.

Y vio a los enviados, y su corazón se ensoberbeció, y les mostró los tesoros de los reyes de Yehudá y los tesoros del Kodesh haKodashim; y más aún, abrió el arón haberit, les mostró las Tablas y les dijo: «Con esto hacemos la guerra y vencemos», como está dicho: «Y se alegró con ellos Jizkiyahu, y les mostró toda la casa de sus tesoros: la plata, el oro, los perfumes y el buen aceite; no hubo cosa que Jizkiyahu no les mostrara en su casa y en todos sus dominios» (Yeshayahu 39:2). Y Hakadosh Baruj Hu se enojó contra él y le dijo: «¿No te basta con haberles mostrado todos los tesoros de los reyes de Yehudá y todos los tesoros del Kodesh haKodashim, sino que les abriste el arón y les mostraste las Tablas, obra de mis manos? Por tu vida, ellos subirán y tomarán todos los tesoros de los reyes de Yehudá y todos los tesoros del Kodesh haKodashim», como está dicho: «He aquí que vienen días, dice Adonái, en que será llevado todo lo que hay en tu casa y lo que atesoraron tus padres hasta el día de hoy; a Bavel será llevado, no quedará nada» (Yeshayahu 39:6). «Y a cambio de las Tablas, tus hijos serán eunucos en el palacio del rey de Bavel», como está dicho: «Y de tus hijos que saldrán de ti, que engendrarás, tomarán, y serán eunucos en el palacio del rey de Bavel» (Yeshayahu 39:7). Estos son Jananiá, Mishael y Azariá, que fueron hechos eunucos en el palacio del rey de Bavel y no engendraron hijos; y sobre ellos dice el versículo: «Así dice Adonái a los eunucos que guarden mis Shabatot y elijan lo que Yo deseo» (Yeshayahu 56:4).

וְרָאָה אֶת הַמַּלְאָכִים וְנִתְגָּאָה לִבּוֹ וְהֶרְאָה לָהֶם אֶת אוֹצְרוֹת שֶׁל מַלְכֵי יְהוּדָה וְאֶת אוֹצְרוֹת שֶׁל בֵּית קָדְשֵׁי הַקֳּדָשִׁים, וְעוֹד שֶׁפָּתַח אֶת אֲרוֹן הַבְּרִית וְהֶרְאָה לָהֶם אֶת הַלּוּחוֹת וְאָמַר לָהֶם: ״בָּזֶה אָנוּ עוֹשִׂים מִלְחָמָה וְנוֹצְחִין״, שֶׁנֶּאֱמַר: ״וַיִּשְׂמַח עֲלֵיהֶם חִזְקִיָּהוּ וַיַּרְאֵם אֶת כָּל בֵּית נְכֹתֹה אֶת הַכֶּסֶף וְאֶת הַזָּהָב וְאֶת הַבְּשָׂמִים וְאֵת שֶׁמֶן הַטּוֹב וְלֹא הָיָה דָבָר אֲשֶׁר לֹא הֶרְאָם חִזְקִיָּהוּ בְּבֵיתוֹ וּבְכָל מֶמְשַׁלְתּוֹ״. וְכָעַס הַקָּדוֹשׁ בָּרוּךְ הוּא עָלָיו וְאָמַר לוֹ: ״לֹא דַּיֶּךָ שֶׁהֶרְאֵיתָ לָהֶם אֶת כָּל אוֹצְרוֹת מַלְכֵי יְהוּדָה וְאֶת כָּל אוֹצְרוֹת בֵּית קָדְשֵׁי הַקֳּדָשִׁים אֶלָּא שֶׁפָּתַחְתָּ לָהֶם אֶת הָאָרוֹן וְהֶרְאֵיתָ לָהֶם אֶת הַלּוּחוֹת מַעֲשֵׂה יָדַי, חַיֶּיךָ הֵם יַעֲלוּ וְיִקְחוּ אֶת כָּל אוֹצְרוֹת מַלְכֵי יְהוּדָה וְאֶת כָּל אוֹצְרוֹת בֵּית קָדְשֵׁי הַקֳּדָשִׁים״, שֶׁנֶּאֱמַר: ״הִנֵּה יָמִים בָּאִים נְאֻם ה' וְנִשָּׂא אֵת כָּל אֲשֶׁר בְּבֵיתֶךָ וַאֲשֶׁר אָצְרוּ אֲבֹתֶיךָ עַד הַיּוֹם הַזֶּה בָּבֶלָה יוּבָאוּ לֹא יִוָּתֵר דָּבָר״. וְתַחַת הַלּוּחוֹת יִהְיוּ בָנֶיךָ סָרִיסִים בְּהֵיכַל מֶלֶךְ בָּבֶל, שֶׁנֶּאֱמַר: ״וּמִבָּנֶיךָ אֲשֶׁר יֵצְאוּ מִמְּךָ אֲשֶׁר תּוֹלִיד יִקָּחוּ וְהָיוּ סָרִיסִים בְּהֵיכַל מֶלֶךְ בָּבֶל״. אֵלּוּ הֵם חֲנַנְיָה מִישָׁאֵל וַעֲזַרְיָה שֶׁנַּעֲשׂוּ סָרִיסִים בְּהֵיכַל מֶלֶךְ בָּבֶל וְלֹא הוֹלִידוּ בָנִים, וַעֲלֵיהֶם הַכָּתוּב אוֹמֵר: ״כֹּה אָמַר ה' לַסָּרִיסִים אֲשֶׁר יִשְׁמְרוּ אֶת שַׁבְּתוֹתַי וּבָחֲרוּ בַּאֲשֶׁר חָפָצְתִּי״.