Séfer haIkarim·Tratado 1344 / 151
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Tratado 13

La creación de la nada

La creencia en la creación de la nada, aun siendo una creencia que todo miembro de una religión divina debe sostener —igual que quien cree en la Torá de Moshé está obligado a creer que la tierra abrió su boca y se tragó a Kóraj y a su congregación por haberse rebelado contra Moshé—, no es, sin embargo, un principio fundamental de la Torá divina, de esos sin los cuales no podría concebirse la existencia misma de una Torá divina.

אמונת החדוש יש מאין אף אם היא אמונה צריך לכל בעל דת אלהית להאמינה, כמו שיחוייב המאמין בתורת משה להאמין שפצתה הארץ את פיה ותבלע את קרח ועדתו לפי שנחלקו על משה, אבל איננה עקר מעקרי התורה האלהית שלא יצוייר מציאות תורה אלהית זולתה. ולא התחילה התורה בפרשת בראשית להורות על חדוש יש מאין ולשומו עקר לתורה כמו שחשבו הרבה מן החכמים, לפי שאף אם המאמין בקדמות על הדרך שיאמינהו אריסטו לא יתואר השם בשיש לו יכולת להאריך כנף הזבוב ולא לברוא נמלה בעלת ארבע רגלים בלבד, כל שכן שהמאמין זה יכחיש כל נסי התורה, כי לא יאמין שיש לו יתברך יכולת להפוך המטה נחש כהרף עין והמים דם והעפר כנים, ולא זו בלבד אלא אף מציאות משה והמשיח יחוייב לו להכחיש, לפי שהאיש שלא ימצא אלא בהמצא קודם לו אישים בלתי בעלי תכלית אי אפשר שימצא לעולם, לפי שהבלתי בעל תכלית לא יכלה לעולם, ובזה תפול התורה בכללה בלי ספק, מכל מקום מי שיאמין שיש חומר ראשון קדום ממנו נברא ונתחדש העולם בעת שרצה השם וכמו שרצה, לא יכחיש זה הדעת נסי התורה ומופתיה, כי כל הנסים והנפלאות שבאו בתורה בשינוי טבעו ומנהגו של עולם לא היו יצירה יש מאין אלא יש מיש, כהתהפך המטה נחש, ושקנו המים בבלתי זמן עם היותם פשוטים צורת דם, אף על פי שהפשוט אי אפשר שיתהפך דם, כי לזה לא יזונו המים את הבעל חי, ועם כל זה הקנה השם יתברך על יד משה נביאו לחלק מן המים צורת אש ולחלק אחר צורת אויר ולחלק אחר צורת עפר וטרפם יחד, ונתמזגו ונהפכו לדם הפוך עצמי בבלתי זמן, ולא למראה עינים לבד, שאם היה למראה עינים ולא בעצם לא מתה הדגה ולא באש היאור. וכן כל נסי התורה והנביאים שהיו בעצמים לא היתה בהם יצירה יש מאין אלא יש מיש, וכל שכן מה שהיו מהם במקרים, כהתהפך יד משה מצורעת כשלג.

La Torá no comenzó por la parashá de Bereshit para enseñar la creación de la nada y hacer de ella un principio de la Torá, como creyeron muchos de los sabios. Y es que quien cree en la eternidad del mundo tal como la sostiene Aristóteles ni siquiera puede atribuir a HaShem el poder de alargar el ala de una mosca o de crear una hormiga con solo cuatro patas; con mayor razón, entonces, ese hombre negará todos los milagros de la Torá, porque no admitirá que Él, bendito sea, tenga poder para convertir la vara en serpiente en un abrir y cerrar de ojos, el agua en sangre y el polvo en piojos.

ולזה אף אם מי שיאמין בקדמות על הדרך שיאמינהו אריסטו הוא כופר בתורה ובכל נסיה, הנה מי שיאמינהו על הדרך הזה אינו כופר בתורה ובמופתיה, כי אין מהכרח האמנת התורה ונסיה להאמין בריאה או יצירה יש מאין. ולזה אמרנו בפרק הקודם לזה שעקר החלק הראשון מפרשת בראשית הוא להורות על מציאות הפועל בלבד, שהוא העקר הראשון ההכרחי למציאות התורה האלהית, שלא תצוייר מציאות התורה האלהית זולתו. אבל האמנת החדוש יש מאין, אף על פי שהיא אמונה צריך כל בעל תורה להאמינה, כמו שצריך להאמין כי משה בקע צור ויזובו מים והגיז את השלו והוריד את המן, מכל מקום איננו עקר מעקרי התורה האלהית. ולזה לא מנאו הרמב״ם ז״ל עם עקרי התורה, ואף על פי שכתב בספר המדע פרק ג׳ מהלכות תשובה כי חמשה הם הנקראים מינים, ואחד מהן האומר שאינו לבדו ראשון וצור לכל, והוא מבואר כי האומר שיש חומר ראשון קדום הנה הוא כאומר שאינו לבדו ראשון, כי החומר הראשון הוא ראשון כמוהו לפי דבריו, ועם כל זה שקרא מין מי שלא יאמין החדוש יש מאין, לא מנאו בעקרים, לפי שאיננו עקר שלא תצוייר תורה אלהית זולתו. ויהיה אם כן מה שהתחילה התורה בפרשת בראשית הוא להורות על מציאות הפועל שהוא עקר ראשון והכרחי לתורה אלהית כמו שבארנו.

Y no solo eso: se vería obligado a negar hasta la existencia misma de Moshé y del Mashíaj. Porque un hombre que solo puede llegar a existir después de que hayan existido antes que él infinitos individuos jamás podría existir —ya que lo infinito nunca se agota ni llega a completarse—, y con ello caería, sin duda alguna, toda la Torá.

Con todo, quien crea que existe una materia primordial y eterna, de la cual el mundo fue creado y traído a la existencia cuando HaShem quiso y como quiso, no niega con esa opinión los milagros de la Torá ni sus prodigios. Porque todos los milagros y maravillas que trae la Torá, alterando la naturaleza y el orden habitual del mundo, no fueron una creación de la nada, sino de algo ya existente —como cuando la vara se convirtió en serpiente. Así también, el agua adquirió al instante la forma de sangre pese a ser un elemento simple; y aunque un elemento simple no puede transformarse en sangre —por eso el agua por sí sola no nutre al ser vivo—, aun así HaShem, bendito sea, hizo por medio de Moshé Su profeta que una parte del agua tomara la forma de fuego, otra la forma de aire y otra la forma de tierra; las mezcló entre sí, y se combinaron y se volvieron sangre en una transformación esencial, en un instante, y no solo en apariencia ante los ojos. Pues, de haber sido mera apariencia y no algo real en esencia, ni habrían muerto los peces ni el Nilo habría despedido hedor.

Y de igual modo, todos los milagros de la Torá y de los Profetas que se dieron en las sustancias no encerraban una creación de la nada, sino de algo existente; y con mayor razón aquellos que se dieron en los accidentes, como cuando la mano de Moshé se volvió leprosa, blanca como la nieve.

Por eso, si bien quien cree en la eternidad del mundo al modo de Aristóteles reniega de la Torá y de todos sus milagros, quien la cree de este otro modo no reniega de la Torá ni de sus prodigios —porque creer en la Torá y en sus milagros no exige forzosamente creer en una creación o formación de la nada. Y por eso dijimos, en el capítulo anterior a este, que lo esencial de la primera parte de la parashá de Bereshit es enseñar únicamente la existencia del Hacedor, que es el primer principio, imprescindible, para la existencia de la Torá divina: sin él no podría concebirse siquiera que exista una Torá divina.

En cambio, la creencia en la creación de la nada, aun siendo una creencia que todo poseedor de la Torá debe sostener —como debe creer que Moshé hendió la roca y brotaron aguas, hizo venir las codornices e hizo descender el maná—, no es, con todo, uno de los principios fundamentales de la Torá divina.

Por eso el Rambam, de bendita memoria, no la contó entre los principios de la Torá. Y aunque escribió en el Séfer haMadá, capítulo tercero de las Hiljot Teshuvá, que cinco son los llamados minim, y uno de ellos es el que dice que Él no es el único Primero y Roca de todo —y está claro que quien afirma que existe una materia primordial y eterna es como quien dice que Él no es el único Primero, pues, según sus palabras, esa materia primera es tan primera como Él—, aun así, pese a haber llamado min a quien no cree en la creación de la nada, no la incluyó entre los principios, porque no es un principio sin el cual no pueda concebirse una Torá divina.

Resulta, por tanto, que el motivo de que la Torá comenzara por la parashá de Bereshit es enseñar la existencia del Hacedor, que es un principio primero e imprescindible para una Torá divina, tal como lo hemos explicado.