Séfer haJinuj·Precepto 16785 / 615
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Precepto 167

La impureza de la parturienta

El precepto sobre la impureza de la parturienta: declarar impura a la que da a luz. Es decir, que la mujer, al dar a luz, quede impura para su marido —y con mayor razón para las cosas consagradas— siete días si da a luz un varón, y dos semanas si da a luz una hembra, como está dicho «La mujer que conciba y dé a luz un varón, será impura siete días...» y «si da a luz una hembra, será impura dos semanas...» (Vaikrá 12:2,5).

מִצְוַת עִנְיַן טֻמְאַת יוֹלֶדֶת – לְטַמֵּא הַיּוֹלֶדֶת. כְּלוֹמַר הָאִשָּׁה כְּשֶׁתֵּלֵד שֶׁתִּהְיֶה טְמֵאָה לְבַעְלָהּ וְכָל שֶׁכֵּן לִטְהָרוֹת שִׁבְעָה יָמִים כְּשֶׁתֵּלֵד זָכָר, וּשְׁבוּעַיִם כְּשֶׁתֵּלֵד נְקֵבָה, שֶׁנֶּאֱמַר (ויקרא יב ב ה) אִשָּׁה כִּי תַזְרִיעַ וְיָלְדָה זָכָר וְטָמְאָה שִׁבְעַת יָמִים וְגוֹ', וְאִם נְקֵבָה תֵלֵד וְטָמְאָה שְׁבֻעַיִם וְגוֹ'.

De las raíces del precepto. A modo de introducción: no hay duda de que las enfermedades de los hombres sobrevienen o por un exceso en el cuerpo, o por una carencia, o por algún daño recibido por cualquier causa —pues, en verdad, mientras la naturaleza se mantenga recta en grado sumo y no haya sufrido daño alguno, el cuerpo no enfermará—. Es el pecado de los hombres lo que los lleva a aumentar o a disminuir aquello que su naturaleza necesita, y entonces enferman.

מִשָּׁרְשֵׁי הַמִּצְוָה. הַקְדָּמָה, אֵין סָפֵק כִּי חֳלָיֵי בְּנֵי אָדָם יָבוֹאוּ אוֹ מִפְּנֵי מוֹתָר שֶׁבַּגּוּף אוֹ מִפְּנֵי חִסָּרוֹן אוֹ מִצַּד הֶפְסֵד שֶׁיְּקַבֵּל מֵאֵיזוֹ סִבָּה שֶׁתִּהְיֶה, כִּי בֶּאֱמֶת כָּל זְמַן שֶׁהַטֶּבַע יָשָׁר בְּתַכְלִית הַיֹּשֶׁר, וְלֹא קִבֵּל הֶפְסֵד דָּבָר, לֹא יֶחֱלֶה הַגּוּף, וְחֵטְא בְּנֵי אָדָם יְבִיאֵם לְהַעֲדִיף אוֹ לְהַחְסִיר בַּמֶּה שֶׁצָּרִיךְ לְטִבְעָם וְיֶחֱלוּ.

Ya dijimos, a propósito de la prohibición de la terefá (precepto 73) y de los alimentos prohibidos (preceptos 147 y 148), que Dios, bendito sea, apartó a su pueblo —al que escogió— de todas las cosas que dañan el cuerpo, por ser este el instrumento del alma que conoce a su Creador. Por esa misma raíz nos apartó de la parturienta, de la nidá y de la zavá durante cierto número de días, hasta que se purifiquen de aquel exceso que hay en ellas —que es algo malo y que enferma—, pues, como dijimos, todo exceso es raíz de enfermedad. Por eso dijeron nuestros sabios, de bendita memoria (Rashí, Vaikrá ahí), que no hay mujer que vea sangre sin que su cabeza y sus miembros se le vuelvan pesados. Y no hay duda de que en ese exceso hay enfermedad para ellas y para todo el que se les acerque con cualquier acercamiento —y con mayor razón en la relación conyugal, que es el extremo del acercamiento material—; e incluso el hijo que nace mientras ese exceso predomina en ella queda predispuesto a males graves. Y por esta raíz que mencionamos, la del exceso, ordenó la Torá que quede impura siete días por el varón y dos semanas por la hembra, pues no hay duda de que los excesos de la que da a luz una hembra son mayores que los de la que da a luz un varón, ya que el embarazo de un varón indica calor en la mujer —como dijeron, de bendita memoria (Nidá 25b): «La mujer que conciba y dé a luz un varón»: la mujer que emite simiente primero da a luz un varón—. Y es sabido que el calor tiene pocos excesos y apresura siempre su acción; es algo que la razón comprende. Por eso nos basta, en el embarazo de un varón, una purificación de siete días.

וּכְבָר אָמַרְנוּ בְּאַזְהָרַת טְרֵפָה (מצוה עג) וְאִסּוּרֵי מַאֲכָלוֹת (מצוה קמז קמח) כִּי הָאֵל בָּרוּךְ הוּא רִחֵק עַמּוֹ אֲשֶׁר בָּחַר מִכָּל הַדְּבָרִים הַמַּזִּיקִים אֶת הַגּוּף בַּעֲבוּר הֱיוֹתוֹ כְּלִי לַנֶּפֶשׁ הַיּוֹדַעַת יוֹצְרָהּ. וּכְמוֹ כֵן מִן הַשֹּׁרֶשׁ הַזֶּה הִרְחִיקָנוּ מִן הַיּוֹלֶדֶת וּמִן הַנִּדָּה וְהַזָּבָה יָמִים מִסְפָּר עַד שֶׁיִּתְנַקּוּ מֵאוֹתוֹ הַמּוֹתָר שֶׁבָּהֶן שֶׁהוּא דָּבָר רַע וּמַחְלִיא, וּכְמוֹ שֶׁאָמַרְנוּ כִּי כָּל מוֹתַר מִשֹּׁרֶשׁ מַחֲלָה הוּא. עַל כֵּן אָמְרוּ זִכְרוֹנָם לִבְרָכָה (רש"י ויקרא שם), שֶׁאֵין אִשָּׁה רוֹאָה דָם שֶׁלֹּא יְהוּ רֹאשָׁהּ וְאֵבָרֶיהָ כְּבֵדִים עָלֶיהָ, וְאֵין סָפֵק כִּי בְּאוֹתוֹ הַמּוֹתָר מַחֲלָה לָהֶן וּלְכָל הַקָּרֵב בָּהֶן שׁוּם קִרְבָה, וְכָל שֶׁכֵּן בְּתַשְׁמִישׁ הַמִּטָּה שֶׁהוּא תַּכְלִית הַקִּרְבָה הַחָמְרִית, וְגַם הַוָּלָד הַנּוֹלָד בְּעוֹד שֶׁאוֹתוֹ הַמּוֹתָר מִתְגַּבֵּר עָלֶיהָ מְעֻתָּד לָחֳלָאִים רָעִים. וּמִן הַשֹּׁרֶשׁ הַזֶּה שֶׁאָמַרְנוּ מִצַּד הַמּוֹתָר, צִוְּתָה הַתּוֹרָה לִהְיוֹת טְמֵאָה מִן הַזָּכָר שִׁבְעָה, וּמִן הַנְּקֵבָה שְׁבוּעַיִם, שֶׁאֵין סָפֵק כִּי מוֹתְרֵי הַיּוֹלֶדֶת נְקֵבָה גְּדוֹלִים מִן הַיּוֹלֶדֶת זָכָר, לְפִי שֶׁהֵרָיוֹן הַזָּכָר יוֹרֶה חֹם בַּנְּקֵבָה, וּכְמוֹ שֶׁאָמְרוּ זִכְרוֹנָם לִבְרָכָה (נדה כה ב) אִשָּׁה כִּי תַזְרִיעַ וְיָלְדָה זָכָר, אִשָּׁה מַזְרַעַת תְּחִלָּה יוֹלֶדֶת זָכָר, וְיָדוּעַ כִּי הַחֹם מוֹתָרָיו הֵם מְעַטִּים וִימַהֵר פְּעֻלָּתוֹ לְעוֹלָם, דָּבָר מֻשְׂכָּל הוּא, וְעַל כֵּן יַסְפִּיק לָנוּ בְּהֶרְיוֹן הַזָּכָר נִקָּיוֹן שֶׁל שִׁבְעָה יָמִים.

El embarazo de una hembra, en cambio, indica la frialdad de la naturaleza de la mujer, y con la frialdad aumentan los excesos; por eso necesita dos semanas para la purificación de su cuerpo. Y así encontré el asunto, después de haber escrito esto, en el Rambán, de bendita memoria (Vaikrá 12:4), y estas son sus palabras: «Porque la naturaleza de la hembra es fría y húmeda, y la humedad en el vientre de la madre es muy abundante y fría, y por eso dio a luz una hembra; por ello necesita una purificación mayor, a causa de la abundancia de humores y de la sangre corrompida que hay en ellos, y a causa de su frialdad. Y es sabido que las enfermedades frías requieren para su purificación más tiempo que las cálidas». Hasta aquí.

וְהֶרְיוֹן הַנְּקֵבָה תּוֹרֶה עַל קְרִירוּת טֶבַע הַנְּקֵבָה, וּבִקְרִירוּת יִרְבּוּ הַמּוֹתָרוֹת, וְלָכֵן תִּצְטָרֵךְ שְׁבוּעַיִם לְנִקְיוֹן גּוּפָהּ. וְכֵן מָצָאתִי הָעִנְיָן אַחֲרֵי כָּתְבִי זֶה לְהָרַמְבַּ"ן זִכְרוֹנוֹ לִבְרָכָה (ויקרא יב ד), וְזֶה לְשׁוֹנוֹ, בַּעֲבוּר כִּי טֶבַע הַנְּקֵבָה קַר וְלַח, וְהַלֵּחָה בְּרֶחֶם הָאֵם רַבָּה מְאֹד וְקָרָה, וְעַל כֵּן יָלְדָה נְקֵבָה, וּלְפִיכָךְ הִיא צְרִיכָה נִקָּיוֹן גָּדוֹל מִפְּנֵי רִבּוּי הַלֵּחוֹת וְהַדָּם הַמְּעֻפָּשׁ שֶׁבָּהֶן וּמִפְּנֵי קְרִירוּתָן, וּבְיָדוּעַ כִּי הֶחֳלָאִים הַקָּרִים צְרִיכִים בְּנִקְיוֹנָם אֲרִיכוּת זְמַן יוֹתֵר מִן הַחַמִּים. עַד כָּאן.

Algo semejante ocurre también con la nidá y la zavá: la nidá se purifica a los siete días, aunque mane sangre durante los siete, con tal de que cese en el séptimo aún de día, según la ley de la Torá; y la zavá necesita siete días limpios, porque el flujo indica una gran cantidad de excesos en la mujer, y consiste en la prolongación de la descarga de sangre durante muchos días, más allá de los días habituales en la mayoría de las mujeres. Y podemos decir que la dolencia de la descarga de sangre en las mujeres, de mes en mes, fue para que su ánimo ligero no se ensoberbeciera, o para alejar un poco su cercanía del hombre, de modo que no corra tras ellas todos los días —pues se le harán algo desagradables a causa de aquella impureza que conoce en ellas, y no se extraviará siempre en su amor—.

וּבְדוֹמֶה לָזֶה יִהְיֶה הָעִנְיָן גַּם כֵּן בְּנִדָּה וְזָבָה, כִּי הַנִּדָּה תִּטְהַר לְשִׁבְעַת יָמִים וַאֲפִלּוּ שׁוֹפַעַת כָּל שִׁבְעָה, וּבִלְבַד שֶׁתִּפְסֹק בַּשְּׁבִיעִי מִבְּעוֹד יוֹם מִדִּין תּוֹרָה, וְהַזָּבָה צְרִיכָה שִׁבְעָה נְקִיִּים, לְפִי שֶׁהַזִּיבָה תּוֹרֶה עַל רֹב מוֹתְרֵי הָאִשָּׁה וְזֶהוּ הֶמְשֵׁךְ הֲרָקַת דָּמִים יָמִים רַבִּים אַחַר יָמִים הַנְּהוּגִים בְּרֹב הַנָּשִׁים. וְאֶפְשָׁר לָנוּ לוֹמַר שֶׁחֹלִי הֲרָקַת הַדָּמִים בַּנָּשִׁים מֵחֹדֶשׁ לְחֹדֶשׁ הָיָה כְּדֵי שֶׁלֹּא תָּזוּחַ דַּעְתָּן הַקַּלָּה עֲלֵיהֶן אוֹ כְּדֵי לְהַרְחִיק קִרְבָתָן קְצָת מִן הָאָדָם שֶׁלֹּא יְהֵא רָץ אַחֲרֵיהֶן כָּל הַיָּמִים, כִּי יִתְגַּנּוּ בְּעֵינָיו קְצָת בִּדְבַר הַלִּכְלוּךְ הַהוּא שֶׁיֵּדַע בָּהֶן וְלֹא יִשְׁגֶּה תָּמִיד בְּאַהֲבָתָן.

Y nuestros maestros, de bendita memoria, dijeron en Nidá (31b), según el sentido llano —quiero decir que se propusieron revelar uno de los grandes provechos que hay en el precepto, además de sus muchos fundamentos grandes y firmes—: escribieron que hay provecho en alejar a la mujer durante cierto tiempo, para que se vuelva más querida para su marido en el momento apropiado, y no se hastíen el uno del otro por la constancia excesiva de su cercanía, ni pongan los ojos en otros cuerpos, como hacen la mayoría de los pueblos que no están cercados por nuestras cercas rigurosas. Y del mismo modo basta esta razón suya, según el sentido llano, en la parturienta: para que no se le haga repulsiva de inmediato, y para que no se le vuelva desagradable a los ojos y él se hastíe de ella, como dijimos respecto de la nidá (ahí).

וְרַבּוֹתֵינוּ זִכְרוֹנָם לִבְרָכָה אָמְרוּ בְּנִדָּה (לא ב) עַל צַד הַפְּשָׁט. רְצוֹנִי לוֹמַר שֶׁכִּוְּנוּ לְגַלּוֹת אֶחָד מִן הַתּוֹעֲלוֹת הַגְּדוֹלוֹת שֶׁיֵּשׁ בַּמִּצְוָה מִלְּבַד רֹב עִקָּרֶיהָ הַגְּדוֹלִים וְהַחֲזָקִים. וְכָתְבוּ שֶׁיֵּשׁ תּוֹעֶלֶת בְּהַרְחָקַת הָאִשָּׁה קְצָת זְמַן כְּדֵי שֶׁתִּתְחַבֵּב עַל בַּעְלָהּ יוֹתֵר בַּזְּמַן הַמֻּכְשָׁר וְלֹא יָקוּצוּ זֶה מִזֶּה לְרֹב הַתְמָדַת קִרְבָתָן וְיִתְּנוּ עֵינֵיהֶם בְּגוּפִים אֲחֵרִים, וּכְמוֹ שֶׁיַּעֲשׂוּ רַב הָאֻמּוֹת שֶׁאֵינָם גְּדוּרִים בִּגְדָרֵינוּ הַחֲמוּרִים, וּכְמוֹ כֵן יַסְפִּיק טַעְמָם זֶה עַל צַד הַפְּשָׁט בְּיוֹלֶדֶת שֶׁלֹּא יִתְנַוֵּל בָּהּ מִיָּד, וְשֶׁמָּא תִּתְגַּנֶּה בְּעֵינָיו וְיָקוּץ בָּהּ, כְּמוֹ שֶׁאָמַרְנוּ בְּנִדָּה (שם).

De las leyes del precepto. Por ejemplo, lo que dijeron nuestros sabios, de bendita memoria (ahí, 66a): que todas las parturientas son impuras aunque no hayan visto sangre, pues no es posible que el útero se abra sin sangre; y lo mismo da que lo que dé a luz esté vivo o muerto, e incluso si es un feto malogrado —siempre que su forma se haya completado—, es impura con la impureza del parto. E incluso si expulsó una placenta, o un saco lleno de agua o de sangre, debe tener en cuenta la posibilidad de un parto, pues tenemos por establecido que no hay placenta sin feto. Y aunque ahora no se encuentre el feto en la placenta, se teme que se haya deshecho dentro de ella; por la duda, observa los días de impureza de la hembra, que son dos semanas, y los días de pureza del varón, que son treinta y tres días y no más, pues por la duda procedemos en ambos sentidos hacia lo más riguroso. Y esto que decimos —que debe tener en cuenta la posibilidad de un feto— es solo cuando han pasado sobre ella cuarenta días desde que concibió; pero si no han pasado cuarenta días, no toma en cuenta un parto, ni siquiera en el día cuarenta exacto, pues el día cuarenta se considera como anterior a los cuarenta. Con todo, aunque no tome en cuenta un parto —es decir, que no tendrá días de pureza como la parturienta—, sí toma en cuenta de todos modos la impureza de la nidá. Y aunque haya tenido un parto seco —es decir, que no vio sangre en absoluto—, decimos: puesto que dio a luz, no es posible que el útero se abriera sin sangre, y acaso fue poca y se perdió. Y toda mujer que tiene días de impureza de parto, tiene días de pureza por ley de la Torá; y los días de pureza son treinta y tres para el varón y sesenta y seis para la hembra. Y el asunto es así, por ley de la Torá: la mujer, después de dar a luz, cuenta siete días desde el día del parto; y tanto si dio a luz al comienzo de la noche, como a mediodía, o incluso cerca de la puesta del sol, cuenta aquel día del parto como un día y completa sobre él seis días más; y tanto si ve sangre algunos de los siete días como todos los siete, en la tarde del séptimo —que es la noche del octavo— se sumerge y queda pura para su marido. E incluso si mana sangre en aquella noche del octavo, se sumerge y queda pura para su marido, pues la Torá permitió toda la sangre que vea la parturienta después de siete días, en el caso del varón, dentro de los treinta y tres días, y después de catorce, en el caso de la hembra, dentro de los sesenta y seis días.

מִדִּינֵי הַמִּצְוָה. כְּגוֹן מַה שֶׁאָמְרוּ זִכְרוֹנָם לִבְרָכָה (שם סו א) שֶׁכָּל הַיּוֹלְדוֹת טְמֵאוֹת וְאַף עַל פִּי שֶׁלֹּא רָאוּ דָּם, שֶׁאִי אֶפְשָׁר לִפְתִיחַת הָרֶחֶם בְּלֹא דָּם, וְאֶחָד הַיּוֹלֶדֶת חַי אוֹ מֵת וַאֲפִלּוּ נֵפֶל, וְהוּא שֶׁתִּגָּמֵר צוּרָתוֹ טְמֵאָה טֻמְאַת לֵדָה, וַאֲפִלּוּ הִפִּילָה שִׁלְיָא אוֹ שַׁפִּיר מָלֵא מַיִם אוֹ דָּם, הֲרֵי זוֹ חוֹשֶׁשֶׁת לְלֵדָה, דְּקַיְמָא לַן אֵין שִׁלְיָא בְּלֹא וָלָד. וְאַף עַל פִּי שֶׁאֵין מוֹצְאִים עַכְשָׁו הַוָּלָד בַּשִּׁלְיָא, חוֹשְׁשִׁין שֶׁמָּא נִמּוֹק בְּתוֹכוֹ, וְתֵשֵׁב מִסָּפֵק יְמֵי טֻמְאָה שֶׁל נְקֵבָה שֶׁהֵם שְׁבוּעַיִם, וִימֵי טֹהַר שֶׁל זָכָר שֶׁהֵם שְׁלֹשִׁים וּשְׁלֹשָׁה יוֹם וְלֹא יוֹתֵר, דְּמִסָּפֵק אָזְלִינַן הָכָא וְהָכָא לְהַחְמִיר. וְזֶה שֶׁאָנוּ אוֹמְרִים שֶׁצְּרִיכָה לָחוּשׁ לְוָלָד, דַּוְקָא שֶׁעָבְרוּ עָלֶיהָ אַרְבָּעִים יוֹם מִשֶּׁנִּתְעַבְּרָה, אֲבָל לֹא עָבְרוּ עָלֶיהָ אַרְבָּעִים יוֹם, אֵינָהּ חוֹשֶׁשֶׁת לְלֵדָה, וַאֲפִילּוּ בְּיוֹם אַרְבָּעִים מַמָּשׁ, שֶׁיּוֹם אַרְבָּעִים כְּלִפְנֵי אַרְבָּעִים הוּא חָשׁוּב. וּמִכָּל מָקוֹם אַף עַל פִּי שֶׁאֵינָהּ חוֹשֶׁשֶׁת לְלֵדָה, כְּלוֹמַר וְלֹא יִהְיוּ לָהּ יְמֵי טֹהַר כְּמוֹ בְּיוֹלֶדֶת, חוֹשֶׁשֶׁת הִיא מִכָּל מָקוֹם לְטֻמְאַת נִדָּה. וְאַף עַל פִּי שֶׁיָּלְדָה לֵדָה יְבֵשָׁה, כְּלוֹמַר שֶׁלֹּא רָאֲתָה דָּם כְּלָל, אָנוּ אוֹמְרִים, מִכֵּיוָן שֶׁיָּלְדָה אִי אֶפְשָׁר לִפְתִיחַת הָרֶחֶם בְּלֹא דָּם, וְשֶׁמָּא הָיָה מוּעָט וְנֶאֱבַד, וְכָל אִשָּׁה שֶׁיֵּשׁ לָהּ יְמֵי טֻמְאַת לֵדָה, יֵשׁ לָהּ יְמֵי טֹהַר מִדִּין תּוֹרָה, וִימֵי הַטֹּהַר הֵם שְׁלֹשִׁים וּשְׁלֹשָׁה לְזָכָר וְשִׁשִּׁים וְשִׁשָּׁה לִנְקֵבָה. וְהָעִנְיָן הוּא כֵּן, דִּין תּוֹרָה, שֶׁהָאִשָּׁה אַחַר שֶׁיָּלְדָה מוֹנָה שִׁבְעָה יָמִים מִיּוֹם שֶׁיָּלְדָה, וּבֵין שֶׁיָּלְדָה מִתְּחִלַּת הַלַּיְלָה אוֹ בַּחֲצִי הַיּוֹם אוֹ אֲפִלּוּ סָמוּךְ לִשְׁקִיעַת הַחַמָּה, מוֹנָה אוֹתוֹ הַיּוֹם שֶׁל לֵדָה יוֹם אֶחָד וּמַשְׁלִים עָלָיו שֵׁשֶׁת יָמִים, וּבֵין רוֹאָה קְצָת יָמִים מִן הַשִּׁבְעָה אוֹ כָּל הַשִּׁבְעָה, לָעָרֶב שֶׁל שְׁבִיעִי שֶׁהוּא לֵיל שְׁמִינִי, טוֹבֶלֶת וּטְהוֹרָה לְבַעְלָהּ, וַאֲפִילּוּ שׁוֹפַעַת דָּם בְּאוֹתוֹ לֵיל שְׁמִינִי, טוֹבֶלֶת וּטְהוֹרָה לְבַעְלָהּ, שֶׁהַתּוֹרָה הִתִּירָה כָּל הַדָּמִים שֶׁתִּרְאֶה הַיּוֹלֶדֶת אַחַר שִׁבְעָה יָמִים לְזָכָר בְּתוֹךְ שְׁלֹשִׁים וּשְׁלֹשָׁה יוֹם, וְאַחַר אַרְבָּעָה עָשָׂר לִנְקֵבָה בְּתוֹךְ שִׁשִּׁים וְשִׁשָּׁה יוֹם.

Y sobre esto dijeron, de bendita memoria (Nidá 35b): que se trata de un solo manantial, y la Torá lo declaró impuro y la Torá lo declaró puro. Es decir, que la sangre del parto, que la Torá declaró impura, y la sangre de pureza, que la Torá declaró pura, provienen de un mismo lugar —que es el manantial, lugar de impureza—; ambas salen de allí, solo que la Torá hace depender el asunto del tiempo: declara impura la sangre que sale de ella en un tiempo y la declara pura en otro. Y bendito el que conoce toda la sabiduría, pues todo lo hizo con razón cierta y necesaria; y Él, bendito sea, supo que hasta aquel tiempo la sangre daña, y de ahí en adelante no daña.

וְעַל זֶה אָמְרוּ זִכְרוֹנָם לִבְרָכָה (נדה לה ב), כִּי מַעְיָן אֶחָד הוּא וְהַתּוֹרָה טִמְּאַתּוּ וְהַתּוֹרָה טִהֲרַתּוּ. כְּלוֹמַר שֶׁדְּמֵי הַלֵּדָה שֶׁטִּמְּאָה הַתּוֹרָה וּדְמֵי הַטֹּהַר שֶׁטִּהֲרָה הַתּוֹרָה מִמָּקוֹם אֶחָד הוּא וְהוּא מִן הַמָּקוֹר, שֶׁהוּא מָקוֹם טֻמְאָה יוֹצְאוֹת שְׁנֵיהֶן, אֶלָּא שֶׁהַתּוֹרָה תִּתְלֶה הָעִנְיָן בַּזְּמַן, וּתְטַמֵּא הַדָּם הַיֹּצֵא מִמֶּנָּה בִּזְמַן אֶחָד וּתְטַהֵר בַּזְּמַן הַשֵּׁנִי, וּבָרוּךְ הַיּוֹדֵעַ כָּל הַחָכְמָה כִּי הַכֹּל עָשָׂה בְּטַעַם נָכוֹן וּמְחֻיָּב, וְהוּא בָּרוּךְ הוּא יָדַע שֶׁעַד אוֹתוֹ הַזְּמַן, הַדָּמִים מַזִּיקִין וּמִשָּׁם וְאֵילָךְ לֹא יַזִּיקוּ.

Y ahora todo Israel ha adoptado la costumbre y se ha impuesto la restricción de tratar como impura la sangre de pureza igual que la sangre de impureza. Y el principio general es que la mujer, hoy, no se levanta nunca de su impureza hasta que pase siete días enteros limpios de toda sangre, y empiece a contarlos desde la víspera. Este es un principio importante, y hasta el día de hoy se observa así en todos los lugares observantes de Israel; y con ello nos hemos librado de muchas dudas. Y las leyes de las dudas que a veces surgen respecto de la parturienta —por ejemplo, si queda obligada a observar la impureza del varón o la de la hembra, pues a veces necesitará, por la duda, observar tanto la del varón como la de la hembra, y también la de la nidá—. Y la ley de la que aborta algo con forma de animal doméstico, de fiera o de ave, cuál es su ley; y si tiene un rostro como rostro de hombre o no lo tiene, cuál es su ley; y la que aborta algo con forma de insectos o de pelos; y la que aborta una figura de hombre que tiene alas de carne; e igualmente la que aborta una figura de hombre con un solo ojo y un solo muslo; y la que aborta un varón con un sandal junto a él —que es esa criatura en la que no se distingue si es varón o hembra—. Y la ley de la mujer que sale llena y vuelve vacía y se equivoca en su cómputo. Y el resto de la mayoría de sus pormenores en cuanto a su impureza, todo está en el tratado de Nidá (Yoré Deá 191). Y lo relativo a las leyes de los sacrificios está disperso en muchos tratados, y muchas de ellas en Zevajim, Arajín, Keritot, Kinín y Negaím (Yoré Deá 123).

וְעַכְשָׁו נָהֲגוּ כָּל יִשְׂרָאֵל וְגָדְרוּ עַצְמָן לִנְהֹג טֻמְאָה בִּדְמֵי טֹהַר כְּמוֹ בִּדְמֵי טֻמְאָה. וּכְלַל הָעִנְיָן שֶׁאֵין הָאִשָּׁה עַכְשָׁו עוֹלָה מִטֻּמְאָתָהּ לְעוֹלָם עַד שֶׁתַּעֲמֹד שִׁבְעָה יָמִים שְׁלֵמִים נְקִיִּים מִכָּל דָּם וְתַתְחִיל לִמְנוֹתָן מִבָּעֶרֶב, זֶהוּ כְּלָל גָּדוֹל וְעַד הַיּוֹם נוֹהֲגִים כֵּן בְּכָל מְקוֹמוֹת יִשְׂרָאֵל הַכְּשֵׁרִים, וּבָזֶה נִצַּלְנוּ מִכַּמָּה סְפֵקוֹת. וְדִינֵי הַסְּפֵקוֹת הַמִּתְחַדְּשׁוֹת לִפְעָמִים עַל הַיּוֹלֶדֶת, כְּגוֹן אִם תִּתְחַיֵּב לֵשֵׁב עַל טֻמְאַת זָכָר אוֹ עַל טֻמְאַת נְקֵבָה, שֶׁפְּעָמִים תִּצְטָרֵךְ מִתּוֹךְ הַסָּפֵק לֵשֵׁב לְזָכָר וְלִנְקֵבָה וְגַם לְנִדָּה. וְדִין הַמַּפֶּלֶת כְּמִין בְּהֵמָה וְחַיָּה וָעוֹף מָה דִּינָהּ, וְאִם פָּנִים כִּפְנֵי אָדָם אוֹ אֵין פְּנֵיהֶם כִּפְנֵי אָדָם מָה דִּינָהּ וְהַמַּפֶּלֶת כְּמִין יַבְחוּשִׁין, כְּמִין שְׂעָרוֹת. וְהַמַּפֶּלֶת דְּמוּת אָדָם שֶׁיֵּשׁ לוֹ כְּנָפַיִם שֶׁל בָּשָׂר, וְכֵן הַמַּפֶּלֶת דְּמוּת אָדָם בְּעַיִן אַחַת וְיָרֵךְ אַחַת. וְהַמַּפֶּלֶת זָכָר וְסַנְדָּל עִמּוֹ, וְהִיא הַבְּרִיָּה שֶׁאֵינָהּ נִכֶּרֶת אִם זָכָר אוֹ נְקֵבָה. וְדִין הָאִשָּׁה שֶׁיּוֹצֵאת מְלֵאָה וּבָאָה רֵיקָנִית וְהִיא טוֹעָה בְּחֶשְׁבּוֹנָהּ. וְיֶתֶר רֻבֵּי פְּרָטֶיהָ בְּעִנְיְנֵי טֻמְאָתָהּ, הַכֹּל בְּמַסֶּכֶת נִדָּה (י"ד סי' קצ"א). וְעִנְיַן דִּינֵי קָרְבָּנוֹת, מְפֻזָּרִין בְּהַרְבֵּה מַסֶּכְתּוֹת. וּמֵהֶן הַרְבֵּה בִּזְבָחִים וַעֲרָכִין וּכְרֵיתוֹת וְקִנִּין וּנְגָעִים (י"ד ס' קכג).

Y este precepto rige en todo lugar y en todo tiempo, en cuanto a que las parturientas son impuras. Y quien lo transgrede y se une a ella deliberadamente dentro del plazo fijado para la prohibición —o incluso después del plazo fijado, mientras no se haya sumergido— anula este precepto positivo, y además transgrede una prohibición, como en el caso de la nidá, conforme a lo que está escrito: «como en los días de la impureza de su menstruación será impura» (Vaikrá 12:2). Y es reo de karet; si lo hizo por error, debe traer una ofrenda de pecado fija, en el tiempo del Templo.

וְנוֹהֶגֶת מִצְוָה זוֹ בְּכָל מָקוֹם וּבְכָל זְמַן לְעִנְיָן שֶׁהַיּוֹלְדוֹת טְמֵאוֹת. וְהָעוֹבֵר עָלֶיהָ וּבָא עָלֶיהָ בְּמֵזִיד בְּתוֹךְ הַזְּמַן הַמֻּגְבָּל לְאִסּוּר אוֹ אֲפִלּוּ אַחַר זְמַן הַמֻּגְבָּל כָּל זְמַן שֶׁלֹּא טָבְלָה בִּטֵּל עֲשֵׂה זֶה, וְגַם עָבַר עַל לָאו כְּמוֹ בְּנִדָּה, וּכְעִנְיָן שֶׁכָּתוּב (ויקרא יב ב) כִּימֵי נִדַּת דְּוֹתָהּ תִּטְמָא. וְחַיָּב כָּרֵת, בְּשׁוֹגֵג חַיָּב לְהָבִיא חַטָּאת קְבוּעָה בִּזְמַן הַבַּיִת.