Precepto 297
La santificación del Nombre
El precepto de santificar el Nombre: se nos ordenó santificar el Nombre, como está dicho «y seré santificado en medio de los hijos de Israel» (Vaikrá 22:32). Es decir, que entreguemos nuestra vida hasta la muerte por el cumplimiento de los preceptos de la fe. Y ya explicaron nuestros sabios, de bendita memoria, a partir de la tradición recibida y de los versículos, en qué circunstancia y en qué precepto se nos ordenó esto. Y aunque está escrito en la Torá «y vivirá por ellos» —lo que da a entender «y no que muera por ellos»—, ellos ya recibieron por tradición que este versículo no fue dicho para todo asunto ni para toda transgresión. Y por la tradición recibida vivimos en todas las palabras de la Torá. Y dijeron expresamente, de bendita memoria (Sanhedrín 74a), que hay tres preceptos por los cuales el hombre está obligado a dejarse matar antes que transgredirlos jamás, y son: la idolatría con todo lo accesorio a ella —es decir, todo lo que le concierne, aquello que nos está prohibido por la fuerza de las prohibiciones propias de ella, como explicaremos más abajo con la ayuda de HaShem—; así también las relaciones prohibidas con todo lo accesorio a ellas, y el derramamiento de sangre. Pues si le dicen a una persona «sirve a la idolatría o te matamos», que se deje matar y no la sirva. Y aun cuando su corazón sea íntegro en su fe y en el temor de HaShem, aun así se le ordenó que se dejara matar y no hiciera aquella mala acción —y no diera lugar a que quien lo coacciona pensara que ha renegado del Nombre—. Y en palabras del Sifrá (Emor 8:6): «con esta condición os saqué de la tierra de Mitsraim: que santifiquéis mi Nombre en público». E igualmente en las dos que mencionamos: que se deje matar y no transgreda, como dijimos.
מִצְוַת קִדּוּשׁ הַשֵּׁם – שֶׁנִּצְטַוִּינוּ לְקַדֵּשׁ אֶת הַשֵּׁם. שֶׁנֶּאֱמַר (ויקרא כב לב) וְנִקְדַּשְׁתִּי בְּתוֹךְ בְּנֵי יִשְׂרָאֵל. כְּלוֹמַר שֶׁנִּמְסֹר נַפְשֵׁנוּ לָמוּת עַל קִיּוּם מִצְוֹת הַדָּת. וּכְבָר בֵּאֲרוּ זִכְרוֹנָם לִבְרָכָה מִפִּי הַקַּבָּלָה וּמִן הַכְּתוּבִים בְּאֵי זֶה עִנְיָן וּבְאֵיזוֹ מִצְוָה נִצְטַוִּינוּ בָּזֶה, וְאַף עַל פִּי שֶׁכָּתוּב בַּתּוֹרָה וָחַי בָּהֶם, דְּמַשְׁמַע וְלֹא שֶׁיָּמוּת בָּהֶם כְּבָר קִבְּלוּ הֵם, שֶׁלֹּא נֶאֱמַר מִקְרָא זֶה בְּכָל עִנְיָן וּבְכָל עֲבֵרָה. וּמִפִּי הַקַּבָּלָה אָנוּ חַיִּין בְּכָל דִּבְרֵי הַתּוֹרָה. וּבְפֵרוּשׁ אָמְרוּ זִכְרוֹנָם לִבְרָכָה (סנהדרין עד, א), כִּי שָׁלֹשׁ מִצְוֹת הֵם שֶׁחַיָּב הָאָדָם שֶׁיֵּהָרֵג וְאַל יַעֲבֹר בָּהֶם לְעוֹלָם, וְהֵם עֲבוֹדָה זָרָה וְכָל אַבִּזְרַהָא. כְּלוֹמַר, כָּל עִנְיָן שֶׁלָּהּ, הָאָסוּר לָנוּ מִכֹּחַ הַלָּאוִין הַמְּיֻחָדִין בָּהּ, וּכְמוֹ שֶׁנְּפָרֵשׁ לְמַטָּה בְּעֶזְרַת הַשֵּׁם. וְכֵן גִּלּוּי עֲרָיוֹת וְכָל אַבִּזְרַהָא, וּשְׁפִיכוּת דָּמִים: שֶׁאִם יֹאמְרוּ לוֹ לָאָדָם עֲבֹד עֲבוֹדָה זָרָה אוֹ נַהֲרָגְךָ יֵהָרֵג וְאַל יַעַבְדָהּ, וְאַף עַל פִּי שֶׁלִּבּוֹ תָּמִים בֶּאֱמוּנָתוֹ בְּיִרְאַת הַשֵּׁם, אַף עַל פִּי כֵן נִצְטַוָּה שֶׁיֵּהָרֵג וְאַל יַעֲשֶׂה הַמַּעֲשֶׂה הָרַע הַהוּא וְלֹא יִתֵּן מָקוֹם אֶל הַמַּעֲבִיר לַחְשֹׁב שֶׁהוּא כָּפַר בַּשֵּׁם, וּלְשׁוֹן סִפְרָא (אמור ח ו) עַל מְנָת כֵּן הוֹצֵאתִי אֶתְכֶם מֵאֶרֶץ מִצְרַיִם, שֶׁתַּקְדִּישׁוּ אֶת שְׁמִי בְּרַבִּים. וּכְמוֹ כֵן בַּשְּׁתַּיִם שֶׁזָּכַרְנוּ, יֵהָרֵג וְאַל יַעֲבֹר, כְּמוֹ שֶׁאָמַרְנוּ.
La raíz de este precepto: es sabido que el hombre no fue creado sino para servir a su Creador, y quien no entrega su cuerpo por el servicio de su Señor no es un buen siervo. Y si los hombres entregan su vida por sus señores, con cuánta más razón por el precepto del Rey de reyes, Hakadosh Baruj Hu.
שֹׁרֶשׁ מִצְוָה זוֹ, יָדוּעַ כִּי הָאָדָם לֹא נִבְרָא רַק לַעֲבֹד בּוֹרְאוֹ וּמִי שֶׁאֵינוֹ מוֹסֵר גּוּפוֹ עַל עֲבֹדַת אֲדוֹנָיו אֵינֶנּוּ עֶבֶד טוֹב, וַהֲרֵי בְּנֵי אָדָם יִמְסְרוּ נַפְשׁוֹתָם עַל אֲדוֹנֵיהֶם, קַל וָחֹמֶר עַל מִצְוַת מֶלֶךְ מַלְכֵי הַמְּלָכִים הַקָּדוֹשׁ בָּרוּךְ הוּא.
De las leyes del precepto: lo que dijeron, de bendita memoria (allí mismo), que en estas tres transgresiones que mencionamos el hombre está obligado a entregar su vida en toda circunstancia —tanto en tiempo de persecución religiosa como fuera de él, tanto en público como incluso en privado, tanto si el gentil pretende hacerle abandonar su fe como incluso si lo hace para su propio provecho—. Pero en las demás transgresiones dijeron que, fuera de tiempo de persecución y en privado, transgreda y no se deje matar, incluso si el gentil pretende hacerle abandonar su fe. Pero en público —es decir, ante diez de Israel—, si quien lo coacciona lo hace para su propio provecho, transgreda y no se deje matar; y si es para hacerle abandonar su fe, que se deje matar y no transgreda. En tiempo de persecución religiosa, incluso en privado, incluso para provecho del coaccionador y aun por un precepto leve, que se deje matar y no transgreda. Y un precepto leve es como aquello que dijeron, de bendita memoria (allí mismo): «incluso por la correa del calzado» —es decir, que el israelita no haga la forma de su calzado como la de los gentiles que sirven a la idolatría, para no asemejarse a ellos en su culto idólatra—.
מִדִּינֵי הַמִּצְוָה. מָה שֶׁאָמְרוּ זִכְרוֹנָם לִבְרָכָה (שם), שֶׁבְּאֵלּוּ הַשָּׁלֹשׁ עֲבֵרוֹת שֶׁזָּכַרְנוּ, חַיָּב הָאָדָם לִמְסֹר נַפְשׁוֹ בְּכָל עִנְיָן בֵּין בִּשְׁעַת שְׁמָד אוֹ שֶׁלֹּא בִּשְׁעַת שְׁמָד, וּבֵין בְּפַרְהֶסְיָא אוֹ אֲפִלּוּ בְּצִנְעָא, וּבֵין שֶׁיִּתְכַּוֵּן הַגּוֹי לְהַעֲבִירוֹ אוֹ אֲפִלּוּ לַהֲנָאַת עַצְמוֹ, אֲבָל בִּשְׁאָר עֲבֵרוֹת אָמְרוּ, דְּשֶׁלֹּא בִּשְׁעַת שְׁמָד וּבְצִנְעָא יַעֲבֹר וְאַל יַהֲרֹג, וַאֲפִלּוּ יִתְכַּוֵּן הַגּוֹי לְהַעֲבִירוֹ, אֲבָל בְּפַרְהֶסְיָא, כְּלוֹמַר, בִּפְנֵי עֲשָׂרָה מִיִּשְׂרָאֵל אִם לַהֲנָאָתוֹ מִתְכַּוֵּן הַמַּעֲבִיר יַעֲבֹר וְאַל יֵהָרֵג וְאִם לְהַעֲבִירוֹ יֵהָרֵג וְאַל יַעֲבֹר, בִּשְׁעַת שְׁמָד, אֲפִילּוּ בְּצִנְעָה וַאֲפִלּוּ לַהֲנָאָתוֹ וַאֲפִלּוּ עַל מִצְוָה קַלָּה יֵהָרֵג וְאַל יַעֲבֹר, וּמִצְוָה קַלָּה הִיא כְּעֵין מָה שֶׁאָמְרוּ זִכְרוֹנָם לִבְרָכָה (שם) אֲפִילּוּ אַעַרְקְתָא דִמְסָאנָא כְּלוֹמַר, שֶׁלֹּא יַעֲשֶׂה הַיִּשְׂרָאֵל צוּרַת מִנְעָלוֹ כְּמוֹ הַגּוֹיִם הָעוֹבְדִים עֲבוֹדָה זָרָה, שֶׁלֹּא יִדְמֶה לִהְיוֹת עוֹבֵד עֲבוֹדָה זָרָה כָּהֶם.
Y esto que dijimos, «lo accesorio a la idolatría», el asunto es decir todo lo que se nos prohibió por cualquier prohibición propia de la idolatría. Como aquello que dijeron, de bendita memoria, en Pésaj Rishón (Pesajim 25a): «con todo se cura uno en caso de peligro, salvo con la madera de una asherá». Y dijeron sobre ello en el Talmud de Yerushaláyim (Shabat cap. 14, hal. 4): no solo cuando el médico le dijo «tráeme hojas de tal asherá» —pues entonces parece como quien la reconoce—, sino aun si le dijo «tráeme hojas de tal árbol» sin más, y fue y no halló sino las de una asherá, que se deje matar y no transgreda. Y aunque ahora, al curarse con la madera de la asherá, no es idolatría propiamente dicha, pues no la sirve, de todos modos, al beneficiarse de ella, hay en el asunto la prohibición de «que no se adhiera a tu mano nada de lo consagrado al anatema» (Devarim 13:18), que es una prohibición propia de la idolatría. Pero las muchas prohibiciones que hay en la idolatría que aprendemos de la prohibición de «delante del ciego no pongas tropiezo» no entran en la categoría de «lo accesorio a la idolatría» como para dejarse matar por ellas, puesto que la prohibición de «delante del ciego» no es propia de la idolatría propiamente dicha, ya que existe también en todos los preceptos.
וְזֶה שֶׁאָמַרְנוּ אַבִּזְרַהָא דַּעֲבוֹדָה זָרָה, הָעִנְיָן הוּא לוֹמַר, כָּל מָה שֶׁנֶּאֱסַר לָנוּ מִכָּל לָאו הַמְיֻחָד בַּעֲבוֹדָה זָרָה, וּכְעֵין מָה שֶׁאָמְרוּ בְּפֶסַח רִאשׁוֹן זִכְרוֹנָם לִבְרָכָה (פסחים כה, א) בַּכֹּל מִתְרַפְּאִין בִּמְקוֹם סַכָּנָה, חוּץ מֵעֲצֵי אֲשֵׁרָה, וְאָמְרוּ עֲלָהּ בַּיְּרוּשַׁלְמִי (שבת פי"ד ה"ד) לֹא סוֹף דָּבָר בְּשֶׁאָמַר לוֹ רוֹפֵא הָבֵא לִי עָלִין שֶׁל אֲשֵׁרָה פְּלוֹנִית, דְּמֶחֱזֵי כְּמַאן דְּמוֹדֶה בָּהּ, אֶלָּא אֲפִילּוּ אָמַר לוֹ, הָבֵא לִי עָלִין שֶׁל אִילָן פְּלוֹנִי סְתָם, וְהָלַךְ וְלֹא מָצָא אֶלָּא שֶׁל אֲשֵׁרָה יֵהָרֵג וְאַל יַעֲבֹר. וְאַף עַל גַּב דְּהַשְׁתָּא כִּי מִתַּסֵּי בַּעֲצֵי אֲשֵׁרָה לָאו עֲבוֹדָה זָרָה מַמָּשׁ הִיא, דְּהָא לָא פָּלַח לַהּ, אֶלָּא מִכָּל מָקוֹם דְּמִתְהֲנֵי מִנָּהּ וְאִיכָּא בְּמִלְּתָא לָאו דְּלָא יִדְבַּק בְּיָדְךָ מְאוּמָה מִן הַחֵרֶם (דברים יג יח), דְּהוּא לָאו הַמְּיֻחָד בַּעֲבוֹדָה זָרָה. אֲבָל אִסּוּרִין טוּבָא דְּאִיכָּא בַּעֲבוֹדָה זָרָה דְּיָלְפִינַן בְּהוּ מִלָּאו דְּלִפְנֵי עִוֵּר לֹא תִתֵּן מִכְשׁוֹל לֵיתַנְהוּ בִּכְלַל אַבִּזְרַהָא דַּעֲבוֹדָה זָרָה לֵהָרֵג עֲלֵיהֶם, כֵּיוָן דְּלָאו דְּלִפְנֵי עִוֵּר אֵינוֹ מְיֻחָד בַּעֲבוֹדָה זָרָה מַמָּשׁ, דִּבְכֻלְּהוּ מִצְוֹת נָמֵי אִיתֵהּ.
Después de escribir esto, hallé en algunas de las novedades de mi maestro —Dios lo guarde— que escribió que en el Talmud de Yerushaláyim de Avodá Zará (cap. 2, hal. 2) se da a entender que en todo caso en que el médico le dijo «sobre él» sin más, transgreda y no se deje matar.
אַחַר שֶׁכָּתַבְתִּי זֶה מָצָאתִי בְּמִקְצָת מֵחִדּוּשֵׁי מוֹרִי יִשְׁמְרוֹ אֵל שֶׁכָּתַב כִּי בַּיְּרוּשַׁלְמִי דַּעֲבוֹדָה זָרָה (פ"ב ה"ב) מַשְׁמַע, דְּכָל שֶׁאָמַר לוֹ הָרוֹפֵא עָלָיו סְתָם יַעֲבֹר וְאַל יֵהָרֵג.
Y el asunto del derramamiento de sangre lo aprendieron, de bendita memoria (Sanhedrín allí mismo), por vía del razonamiento, y dijeron a modo de ejemplo: «¿qué ves? ¿que tu sangre es más roja? Quizá la sangre de aquel hombre sea más roja». Es decir, el que ha de ser asesinado quizá sea digno de cumplir más preceptos que aquel que lo mata, y por eso no es de justicia que ningún hombre mate a su prójimo, aun cuando él mismo haya de ser matado por ello. Y dijeron también, de bendita memoria (Yerushalmi Terumot cap. 8, hal. 4), que aun si fueran varios miles de israelitas, y unos opresores les dijeran «entregadnos a uno de vosotros, y si no, os mataremos a todos», que se dejen matar todos y no entreguen una sola alma de Israel. Y esto es específicamente cuando les dijeron «uno» sin más; pero si lo señalaron expresamente, diciendo «entregadnos a fulano y, si no, os mataremos a todos», les está permitido entregarlo, como en el asunto conocido de Shéva ben Bijri. Y el mismo es el dictamen con las mujeres a quienes los gentiles dijeran «entregadnos a una de vosotras», etcétera, como consta en el tratado de Terumot, capítulo octavo (mishná 12).
וְעִנְיַן שְׁפִיכוּת דָּמִים, לָמְדוּ הָעִנְיָן זִכְרוֹנָם לִבְרָכָה (סנהדרין שם) מִדֶּרֶךְ הַסְּבָרָא וְאָמְרוּ עַל דֶּרֶךְ מָשָׁל מַאי חֲזֵית דִּדְמָא דִּידָךְ סֻמָּק טְפֵי, דִּלְמָא דְּמָא דְּהַהוּא גַּבְרָא סֻמָּק טְפֵי, כְּלוֹמַר, הַנִּרְצָח יִהְיֶה רָאוּי לַעֲשׂוֹת יוֹתֵר מִצְוֹת מֵאוֹתוֹ שֶׁהֲרָגוֹ, וְעַל כֵּן אֵינוֹ בַּדִּין שֶׁיַּהֲרֹג שׁוּם אָדָם לַחֲבֵרוֹ, וַאֲפִלּוּ יֵהָרֵג הוּא עַל זֶה. וְעוֹד אָמְרוּ זִכְרוֹנָם לִבְרָכָה (ירושלמי תרומות פ"ח ה"ד), שֶׁאֲפִלּוּ הָיוּ כַּמָּה אֲלָפִים יִשְׂרְאֵלִים וְאָמְרוּ לָהֶם אַנָּסִים תְּנוּ לָנוּ אֶחָד מִכֶּם, וְאִם לָאו, נַהֲרֹג כֻּלְּכֶם יֵהָרְגוּ כֻּלָּם, וְאַל יִמְסְרוּ נֶפֶשׁ אַחַת מִיִּשְׂרָאֵל. וְדַוְקָא כְּשֶׁאָמְרוּ לָהֶם אֶחָד סְתָם, אֲבָל יִחֲדוּהוּ לָהֶם בְּפֵרוּשׁ, שֶׁאָמְרוּ תְּנוּ לָנוּ פְּלוֹנִי וְאִם לָאו נַהֲרֹג כֻּלְּכֶם רַשָּׁאִין לִתְּנוֹ, כָּעִנְיָן הַיָּדוּעַ בְּשֶׁבַע בֶּן בִּכְרִי, וְכֵן הַדִּין בְּנָשִׁים שֶׁאָמְרוּ לָהֶן גּוֹיִם תְּנוּ לָנוּ אַחַת מִכֶּם וכו' כִּדְאִיתָא בְּמַסֶּכֶת תְּרוּמוֹת פֶּרֶק שְׁמִינִי (מי"ב).
Y el asunto de las relaciones prohibidas por las que se deja uno matar lo aprendieron aquellos sabios, de bendita memoria (Sanhedrín allí mismo), porque la joven desposada fue comparada con el asesino: así como el asesino se deja matar y no transgrede, como dijimos, así también respecto de la joven desposada el hombre se deja matar y no la posee. Pues la Torá no hace comparaciones en vano, sino para enseñar algo. Y tienen además en esto un apoyo de la tradición recibida, que es muro de hierro para todas sus palabras. Y escribieron los primeros que no se dice «que se deje matar y no transgreda» nunca sino para transgredir una prohibición; pero para dejar de cumplir un precepto, transgreda y no se deje matar, y no cumpla el precepto. Como aquello que dijeron, de bendita memoria (Sanhedrín allí mismo), respecto de Ester: «era tierra del suelo» —es decir, era algo del tipo de «siéntate y no hagas», pues la mujer es poseída contra su voluntad—. Y aun si la mujer colaboró en la unión después de que la inclinación la dominó, no incurre en culpa por ello, pues no hay coacción mayor que esa. Y lo que encontramos de hechos de los primeros piadosos que se dejaban matar incluso por la anulación de un precepto —como aquello que dijeron, de bendita memoria (Mejilta, Shemot 20:6): «¿por qué sales a ser apedreado? Por haber circuncidado a mi hijo; ¿por qué sales a ser crucificado? Por haber tomado el lulav»—, una medida de piedad ejercieron ellos, y vieron que la generación lo necesitaba, y eran grandes sabios dignos de instruir sobre ello. Pues de no ser así, de no haber sido grandes y sabios, no les habría estado permitido entregar su vida a la muerte, ya que no todo hombre tiene permiso para dejarse matar por aquello sobre lo cual los sabios, de bendita memoria, no nos obligaron a dejarnos matar. Y no solo eso, sino que se hace culpable de su propia vida (Rambam, Yesodé haTorá 5:4).
וְעִנְיַן עֲרָיוֹת שֶׁנֶּהֱרָגִין עֲלֵיהֶם לָמְדוּ אוֹתָן חֲכָמִים זִכְרוֹנָם לִבְרָכָה (סנהדרין שם) לְפִי שֶׁהֻקְּשָׁה נַעֲרָה מְאֹרָסָה לְרוֹצֵחַ, מָה רוֹצֵחַ יֵהָרֵג וְאַל יַעֲבֹר כְּמוֹ שֶׁאָמַרְנוּ כֵּן נַעֲרָה מְאֹרָסָה, יֵהָרֵג אָדָם וְלֹא יִבְעַל אוֹתָהּ, כִּי הַתּוֹרָה לֹא תְּמַשֵּׁל מְשָׁלִים חִנָּם, רַק לְלַמֵּד עִנְיָן. וְעוֹד יֵשׁ לָהֶם בָּזֶה סֶמֶךְ מִן הַקַּבָּלָה, שֶׁהִיא חוֹמַת בַּרְזֶל לְכָל דִּבְרֵיהֶם. וְכָתְבוּ הָרִאשׁוֹנִים דְּלָא אָמְרִינַן יֵהָרֵג וְאַל יַעֲבֹר לְעוֹלָם, אֶלָּא לַעֲבֹר עֲבֵרָה, אֲבָל לְהִבָּטֵל מִמִּצְוָה יַעֲבֹר וְאַל יֵהָרֵג וְאַל יַעֲשֶׂה הַמִּצְוָה, וּכְעֵין מָה שֶׁאָמְרוּ זִכְרוֹנָם לִבְרָכָה (סנהדרין שם) בְּאֶסְתֵּר קַרְקַע עוֹלָם הָיְתָה, כְּלוֹמַר, וְהוּא כְּעֵין שֵׁב וְאַל תַּעֲשֶׂה, שֶׁהֲרֵי הָאִשָּׁה עַל כָּרְחָהּ נִבְעֶלֶת, וַאֲפִלּוּ סִיְּעָה הָאִשָּׁה בַּתַּשְׁמִישׁ לְאַחַר שֶׁהִלְבִּישָׁהּ הַיֵּצֶר לֹא תִּתְחַיֵּב בְּכָךְ, שֶׁאֵין אֹנֶס גָּדוֹל מִמֶּנּוּ. וּמָה שֶׁמָּצִינוּ מַעֲשִׂים לַחֲסִידִים הָרִאשׁוֹנִים שֶׁנֶּהֱרָגִין אֲפִלּוּ עַל בִּטּוּל מִצְוָה, וּכְעֵין מָה שֶׁאָמְרוּ זִכְרוֹנָם לִבְרָכָה (מכילתא שמות כ ו) מָה לְךָ יוֹצֵא לִסָּקֵל? עַל שֶׁמַּלְתִּי אֶת בְּנִי, מָה לְךָ יוֹצֵא לִצָּלֵב? עַל שֶׁנָּטַלְתִּי אֶת הַלּוּלָב, מִדַּת חֲסִידוּת עָשׂוּ הֵם וְרָאוּ שֶׁהַדּוֹר הָיָה צָרִיךְ לְכָךְ, וְהָיוּ חֲכָמִים גְּדוֹלִים רְאוּיִין לְכָךְ לְהוֹרוֹת עַל זֶה, שֶׁאִלְמָלֵא כֵּן שֶׁהָיוּ גְּדוֹלִים וַחֲכָמִים, לֹא הָיוּ רַשָּׁאִים לִמְסֹר נַפְשָׁם לָמוּת, שֶׁלֹּא לְכָל אָדָם יֵשׁ רְשׁוּת לֵהָרֵג בְּמָה שֶׁלֹּא חִיְּבוּנוּ זִכְרוֹנָם לִבְרָכָה לֵהָרֵג עָלָיו, וְלֹא עוֹד, אֶלָּא שֶׁמִּתְחַיֵּב בְּנַפְשׁוֹ (רמב"ם יסודי התורה ה ד).
Y vi también, sobre el asunto de este precepto, en los libros de mi maestro —Dios lo guarde—, que toda mujer en quien los esponsales tienen validez —como la viuda para con el Kohén Gadol, la divorciada y la jalutsá para con un kohén común, la mamzéret y la netiná para con un israelita, y la hija de israelita para con un mamzer—, no entran en la categoría de relaciones prohibidas por las que uno se deje matar. Pero, de todos modos, instruir a alguien que se una a una mujer, incluso soltera, no se permite, sino que muera de su enfermedad si su corazón se inflamó de pasión, y que ella no se le entregue, ni hable él con ella, etcétera —en Sanhedrín, capítulo Ben Soreir (Sanhedrín 75a) y en el Séfer haMadá (allí, hal. 9)—. Y el resto de sus detalles están explicados en el capítulo octavo de Sanhedrín, y en Pesajim, y en Yomá, y en otros lugares [Yoré Deá, sección 157].
וְעוֹד רָאִיתִי בְּעִנְיַן מִצְוָה זוֹ בְּסִפְרֵי מוֹרַי יִשְׁמְרֵם אֵל, שֶׁבְּכָל אִשָּׁה שֶׁקִּדּוּשִׁין תּוֹפְסִין בָּהּ, כְּגוֹן אַלְמָנָה לְכֹהֵן גָּדוֹל, גְּרוּשָׁה וַחֲלוּצָה לְכֹהֵן הֶדְיוֹט, מַמְזֶרֶת וּנְתִינָה לְיִשְׂרָאֵל, בַּת יִשְׂרָאֵל לְמַמְזֵר, שֶׁאֵינָן בִּכְלַל עֲרָיוֹת לֵהָרֵג עֲלֵיהֶן, אֲבָל מִכָּל מָקוֹם לְהוֹרוֹת לְשׁוּם אָדָם לָבוֹא עַל אִשָּׁה וַאֲפִלּוּ פְּנוּיָה אֵין מוֹרִין, אֶלָּא יָמוּת מֵחָלְיוֹ אִם הֶעֱלָה לִבּוֹ טִינָא וְאַל תִּבָּעֵל לוֹ וְלֹא יְסַפֵּר עִמָּהּ וכו', בְּסַנְהֶדְרִין פֶּרֶק בֵּן סוֹרֵר (סנהדרין עה א) וּבְסֵפֶר מַדָּע (שם ט), וְיֶתֶר פְּרָטֶיהָ מְבֹאָרִים בפ"ח מִסַּנְהֶדְרִין וּבִפְסָחִים וְיוֹמָא וּבִמְקוֹמוֹת אֲחֵרִים [י"ד סי' קנז].
Y rige este precepto en todo lugar y en todo tiempo, en hombres y en mujeres. Y quien lo transgrede y no santifica el Nombre en un lugar en que está obligado a santificarlo, anula este precepto positivo, además de transgredir la prohibición de «no profanéis mi santo Nombre», como escribimos más arriba, justo antes (precepto 295). Y el pecado de la profanación del Nombre es grande y gravísimo en extremo, hasta el punto de que dijeron, de bendita memoria, que no tienen fuerza la teshuvá, ni Yom Kipur, ni los sufrimientos para expiarlo, sino solo la muerte, como consta en el último capítulo de Yomá (86a).
וְנוֹהֶגֶת מִצְוָה זוֹ בְּכָל מָקוֹם וּבְכָל זְמַן בִּזְכָרִים וּנְקֵבוֹת. וְהָעוֹבֵר עָלֶיהָ וְלֹא קִדֵּשׁ הַשֵּׁם בְּמָקוֹם שֶׁחַיָּב לְקַדְּשׁוֹ בִּטֵּל עֲשֵׂה זֶה, מִלְּבַד שֶׁעָבַר עַל לָאו דְּלֹא תְחַלְּלוּ אֶת שֵׁם קָדְשִׁי. וּכְמוֹ שֶׁכָּתַבְנוּ לְמַעְלָה בְּסָמוּךְ (מצוה רצה). וַעֲוֹן חִלּוּל הַשֵּׁם גָּדוֹל וְחָמוּר עַד מְאֹד, עַד שֶׁאָמְרוּ זִכְרוֹנָם לִבְרָכָה, שֶׁאֵין כֹּחַ בִּתְשׁוּבָה וְיוֹם הַכִּפּוּרִים וְיִסּוּרִין לְכַפֵּר, אֶלָּא בְּמִיתָה, כִּדְאִיתָא בְּפֶרֶק אַחֲרוֹן מִיּוֹמָא (פו, א).