Capítulo 73
La humillación
Es sabido lo grave que es la prohibición de humillar a otro en público: quien lo hace no tiene parte en el Mundo Venidero (Bavá Metsiá 59a). Y dijeron nuestros maestros, de bendita memoria, que más le vale a uno arrojarse a un horno ardiente que avergonzar a su prójimo en público (Berajot 43b).
הלבנה - ידוע חמר אסור מלבין פני חברו ברבים שאין לו חלק לעולם הבא (ב"מ נט, א). ואמרו רבותינו ז"ל (ברכות מג ב) מוטב לאדם שיפיל עצמו לכבשן האש ואל ילבין פני חברו ברבים. הן בעון רבים מעם הארץ כי יהיה ריב בין אנשים מחרפין ומגדפין זה את זה וכל אחד מזכיר מומי חברו את אשר לא טוב עשה מימי קדם ובשנים קדמוניות, ולא עוד אלא שאומר עליו את אשר איננו בו, ונהי דזה חמור מצד שהוא מוציא שם רע, אבל כשמחרפו במה שהיה בו הוא יותר חמור, דבמה שאין בו ליכא כל כך הלבנה כמו שמזכיר לו עונות ראשונים, אזל סמקא ואתי חורא והרי זה כשופך דמים. והעושה זה אינו שב בתשובה, שדומה לו שאין בידו עון ואומר מה בכך, האמת אמרתי ואינו שם על לב כי גדול עונו מצד חמר אסור הלבנת פנים כאמור. ויש שמלבין פני חברו גם בלא דעת, שמדבר לפניו בגנות מומין שבו, או בגנות מעשים שעשה הוא אף שאינו מתכון עליו, הרי הוא נלכד בסרך הלבנה, ולכן יפה שתיקה כי ברב דברים לא יחדל פשע. אמנם לאפרושי מאסורא שרי, כגון איש שעובר על דברי תורה ומוכיחו על פניו בסתר כדת מה לעשות והוא מחזיק בטמאתו, סוף סוף ראוי לחרפו ולגדפו ולהלבינו ברבים למען ישוב מדרכו הרעה וילך בדרך טובים:
Por desgracia, por el pecado de muchos entre la gente común, cuando estalla una disputa entre dos hombres, se insultan y se maldicen el uno al otro, y cada cual saca a relucir los defectos del otro y lo que hizo mal en tiempos remotos, en años ya lejanos. Y no solo eso: también le atribuye lo que no hay en él. Ahora bien, aunque esto último es grave, porque supone difundir mala fama, reprocharle algo que sí había en él es todavía más grave —pues con lo que no hay en él no se produce tanta humillación como cuando le recuerda sus faltas pasadas—: se le va el rojo del rostro y le viene la palidez, y quien tal hace es como quien derrama sangre.
Y el que obra así no se arrepiente, porque le parece que no tiene pecado alguno, y dice: «¿Y qué? He dicho la verdad». No repara en que su falta es enorme, por lo grave que es la prohibición de humillar, como se ha dicho.
Hay también quien avergüenza a otro sin darse cuenta, hablando delante de él en son de burla de los defectos que tiene, o de actos que cometió, aun sin proponérselo. También ese queda atrapado en la sombra de la humillación. Por eso es buena cosa el silencio, pues «en el mucho hablar no falta la falta» (Mishlé 10:19).
Con todo, para apartar a alguien de una transgresión está permitido. Por ejemplo, un hombre que quebranta las palabras de la Torá: uno lo reprende a solas, cara a cara, como es debido, y aun así él se aferra a su impureza. En tal caso, al fin y al cabo, es lícito reprenderlo, censurarlo y avergonzarlo en público, para que se vuelva de su mal camino y ande por la senda de los buenos.